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Años después uno piensa que cuando es pequeño tiende a engrandecer algunos hechos. Como aquel triunfo sobre Estudiantes de la Plata, por 2-1, el 9 de enero de 1966. Ciertamente fue trascendente para nosotros y lo sentimos como si hubiera ocurrido en una final de Copa del Mundo, pero se trataba de un juego amistoso.

Obviamente los argentinos se esforzaron por no perder porque andaban en gira y necesitaban sumar victorias para atraer público en otros países, pero la tropa de Oswaldo Zubeldía rebotó contra un muro casi infranqueable, una defensa que logró multiplicarse sacando agua del pozo y un par de arqueros, Mayorga y Dubois, que parecieron ser un producto de la fantasía.

Nuestro fútbol ha sido siempre discreto, pero esa tarde, con Mayorga y Dubois, con Chocorrón, Huete, Peché, Barrios, Arríen, Goyez, Orellana, Dámaso, Chava Dávila y otros jugadores de agallas, se produjo el milagro de vencer por 2-1 a Estudiantes de La Plata.

No fue un triunfo como el de Diriangén sobre Alajuela con los puntos en disputa, pero ustedes conocen a los argentinos y su orgullo, y en ese tiempo, Estudiantes era un equipo en crecimiento que más adelante ganó la Copa Intercontinental derrotando al Manchester inglés.

Era el equipo estructurado por Oswaldo Zubeldía. El equipo de Juan Ramón Verón, “La Bruja” original, de Malbernat, de Echecopar, de Poletti, de Aguirre Suárez. La única ausencia significativa era Conigliario, pero igual, se trataba de una misión imposible.

Curiosamente, el único jugador no nacido en Nicaragua que formó parte de esa Selección , el tico Luis Goyez, fue virtualmente el forjador de los dos goles. El primero, a los siete minutos, fue producto de lo oportuno y hábil que era el hostigoso tico que aprovechó una vacilación de los centrales argentinos para apoderarse del balón en medio de un peligroso oleaje y sacudir las redes de Poletti.

Los argentinos tomaron las cosas con calma, pero “Chocorrón” se vio inmenso en la defensa y “Peché” hizo de Mandrake el Mago en la media cancha, mientras Dubois, el primer arquero, se revolcaba constantemente en el área chica fajándose como un león.

Minutos más tarde, al filo de los 35, Goyez presionó al arquero Poletti, provocando una agresión de éste y la sentencia de un penalti por parte del árbitro José Urtecho. El castigo lo ejecutó “Chava” Dávila con un disparo magistral hacia la escuadra derecha. Poletti fue obligado a realizar un vuelo espectacular de aterrizaje forzoso en medio del rugir de la multitud.

En desventaja 0-2, Estudiantes se volcó sobre la valla nica en busca de acortar distancia y lo consiguió a los 41 minutos, con un disparo cruzado de Echecopar.

El segundo tiempo fue una especie de frontón. Todo Estudiantes al ataque y todos los nicas a la defensa sacando agua del pozo. A los diez minutos Róger Mayorga parecía un excavador de tanto zambullirse a los pies de delanteros argentinos. Cuando sonó el silbato, los argentinos no podían creerlo y nosotros tampoco, pero en la pizarra resaltaba ese 2-1 inolvidable, aunque haya sido producido en un juego amistoso.

Incluso, fue metido en nuestro Salón de la Fama.