Edgard Tijerino
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Hace un buen tiempo escribí con obvia ironía, que pronto, aún sin percatarnos, todos estaríamos en el Salón de la Fama del deporte pinolero, incluso los que casualmente hayan tirado una pelota hacia cualquier lado, o recorrido una yarda persiguiendo un gato.

Y lo decía porque nuestro Salón, inaugurado por Carlos García, parecía tener sus puertas abiertas sin restricciones a una cabalgata interminable, pese a que el deporte de este país no ha producido un centenar de atletas capaces de impactar con sus ejecutorias, y alcanzar la trascendencia requerida para ser considerados famosos a través de generaciones. Sin embargo, las bases siempre estaban llenas en lo referente a candidatos que se multiplicaban con una facilidad asombrosa.

El Salón de la Fama nica, un proyecto que pasó por tanto tiempo postergado, fue víctima prematuramente de una brutal agresión: los generadores de la idea, en lugar de garantizar la dimensión los aspirantes, para evaluar correctamente la distinción, “mataron” su magia.

Desde que Andrés Castro acertó aquella pitcheada a la cabeza del filibustero, hasta el ingreso al galope de Everth Cabrera en las Grandes Ligas, robándose la atención del país pese a la agobiante situación por la que atraviesa, sólo hemos visto dos atletas excepcionales, de esos que se hacen acreedores al calificativo de “fuera de serie”: Alexis Argüello y Denis Martínez, y detrás, empujando fuerte, Rosendo Álvarez, Ricardo Mayorga, Vicente Padilla, Marvin Benard, Orlando Vásquez, Porfirio Altamirano, Michelle Richardson y ahora este sorprendente Cabrera junto con el impresionante Román “Chocolatito” González.

Claro que hay otros con legítimos méritos, como Ernesto, Selva, Moya, Juárez, Rigo, Campbell, el Chino, pero sin pasar de los 100, que sería algo así como el número mágico, la frontera de la grandeza casera. Es decir que con un ritmo de ingreso al suave, no vertiginoso, se hubiera sostenido la expectación y la magia que reclamamos en reconocimientos de este tipo, pero se prefirió meter a gruesos grupos de atletas, algunos no verdaderamente famosos ni impactantes.

De pronto, en este 2009, cuando se había programado el aterrizaje de Roberto Espino, Adolfo Álvarez y William Ramírez, la agitación se detuvo y el ruido se apagó, mientras el tiempo ha estado pasando sigilosamente frente a nuestras ventanas, sin la menor señal para celebrar el ingreso de esa nueva promoción.

¿Por qué no se ve el movimiento de un hoja de árbol alrededor de la promoción de este año? ¿Qué es lo que está pasando? ¿No se tienen recursos económicos? ¿Está cubierto este proyecto por un presupuesto o queda flotando cada año? ¿Sigue Carlos García al frente, o al no ser Presidente de Feniba, ha quedado completamente desarmado? ¿Qué es lo que se necesita para reactivar el proyecto pese a los cuestionamientos que puedan plantearse?
Como decía Pedro Joaquín, algo hay que hacer porque hay que hacer algo. No se puede dejar pasar este 2009 sin la promoción de Roberto Espino, el zurdo Adolfo Álvarez, y ese gran impulsor que fue William Ramírez.


dplay@ibw.com.ni