•   MIAMI, FLORIDA  |
  •  |
  •  |
  • END

“Muchacho, qué rápido has subido. Te hemos visto hacerlo con una facilidad que asombra”, le dice Juan Carlos Ugarte –un eficaz colaborador nuestro en Miami- a Everth Cabrera en la caseta de los Padres, mientras el big leaguer pinolero, a quien hemos visto “inyectado” por una agitación sostenida y “cobijado” por una confianza exuberante desde su aterrizaje frente a las exigencias del mejor béisbol del planeta, se prepara para saltar al terreno y realizar la sesión de entrenamiento, previa al primer juego de la serie con los Marlins.

“Nada ha sido fácil. Nada es fácil aquí. Tenés que trabajar duro, y diario, sin quejarte, sin perder ritmo ni interés aunque te sientas cansado. Hay una fuerza empujándote, y es querer mejorar, tener que hacerlo para poder mantenerte aquí. Lo sabemos todos”, responde Everth, mostrando esa mirada inquieta del hombre que está pendiente de los movimientos del pitcher, de lo que puede hacer el catcher, del terreno que toma y pensando al mismo tiempo cómo robarle tiempo al tiempo con esas piernas rápidas.

Sus compañeros le llaman “Mercurio”, porque es capaz de desaparecer mientras despega hacia cualquier parte. “La velocidad fue mi principal arma, pero tenía que buscar cómo evolucionar en todo para pelear una posición y quedarme. La rapidez es un complemento, pero no lo es todo. Debes estar circulando para sacarle provecho, y para eso hay que batear, y es lo que más me ha costado”.

Pero, esa habilidad para el bateo corto con toques y machucones multiplica tu peligrosidad y te hace más útil.

“Yo estoy claro, pero ¿y mi desarrollo como verdadero bateador?”

“¿Y qué has hecho, o qué estás haciendo?”

“Veo, escucho, entreno, me concentro en el aprendizaje. Me han ayudado mucho los videos, aunque necesito estudiar todos los movimientos de pitcheres, de catcheres, en fin, de todos. Yo pregunto y aumento conocimientos. Los coachs se preocupan por mi avance. Hay compañeros como David Eckstein y Adrián González que siempre me atienden, pese a mi insistencia. Me siento en una verdadera familia con todos interesados en tu mejoría”.

¿Cuál es tu mayor preocupación en este proceso evolutivo?

“Ser lo necesariamente disciplinado para asegurar un aprendizaje consistente. No lo hago porque me vean, sino porque tengo que hacerlo por mí. Aquí te miden siempre por el rendimiento. Estás en permanente competencia y no puedes descuidarte”, dice el joven pelotero que está por cumplir 23 años e impulsado por un entusiasmo sin fronteras.

No jugar en Nicaragua

“Me duele. Yo quería hacerlo, pero dependo de la organización. Son ellos los que deciden y si me envían a dominicana no hay nada que discutir. Ellos saben lo que les conviene respecto a mi formación como pelotero”.

¡Cómo has crecido! No terminamos de sorprendernos.

“Yo me veo y sigo siendo el mismo, con el mismo tamaño, quizás pero mejor pelotero. Eso sí, me falta mucho todavía pero voy a aprovechar el tiempo. De eso pueden estar seguros. Mi rutina es trabajar, y trabajar”.