Edgard Tijerino
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Cuando habla de Everth Cabrera, la mirada mental del manager Bud Black se ilumina. Da la impresión de estarlo viendo en acción, y se observa la intención de frotar sus manos. Para describirlo, utiliza el “ojo mágico” que tenía Balzac, garantizando precisión.

“Nos encontramos ese diamante en el camino. Trajo alegría, eficacia, entrega al trabajo, afán de superación, y una rara confianza para un novato. Desde que lo vi en el entrenamiento primaveral, no le quito el ojo, y no me aburro de verlo mejorar cada día. Es el tipo de pelotero que todo manager desea tener”.

Me hace la traducción en el dogout de los Padres, el amigo de largos años Juan Carlos Ugarte, mientras vuelvo a lamentar no saber inglés. ¡Qué pena!, en casa, todas mis hijas lo dominan, y yo, hace 15 años pensé tontamente que estaba muy viejo para aprenderlo. Ahora, con 66 encima, sí lo estoy.

-¿Quién se acuerda de Khalil Greene?

“Lamenté mucho perderlo. Nos quedamos sin short stop y teníamos que depender de lo que mostrara Luis Rodríguez, y este muchacho Cabrera, obtenido por la Regla 5. Uno no espera que alguien que llega desde Clase A evolucione tan rápidamente, sobre todo después de haberse visto obligado a un retiro por la fractura en su mano izquierda. Hoy, con Cabrera disponible para jugar todos los días, no hay lamentos por Khalil, aunque lo recuerdo mucho como persona”.

-¿Qué es lo más llamativo de Everth?

“Su ética de trabajo. Hay un esfuerzo extra que le permite ganar tiempo progresando. Es como si siempre estuviera listo para salir al robo de la siguiente base”

-A propósito de robos, ¿tiene luz verde para decidir cuándo sale?
“Un buen robador de base tiene que saber cuándo puede salir y cuándo no. Y debe tener la madurez para valorar cada situación del juego. Confiamos en los conocimientos que está adquiriendo, pero sabemos que sólo tiene 22 años. Está aprendiendo”.

-Lo han estado utilizando en diferentes puntos del line-up. ¿Cuál puede ser su ubicación más apropiada de acuerdo a las características?.

“Es un lead-off natural, por su habilidad para poner la bola en juego, batear a los dos lados, ejercer presión, poder dirigir sus batazos, y contar con esa rapidez de sus piernas. Él va a ser nuestro short stop y primer bate por largo rato”.

-Verlo poncharse a veces muy seguido, ¿qué tanto le quita el sueño a un manager?
“Es su primer año aquí, es muy joven como apunté, está aprendiendo a conocer el pitcheo contrario, y sobre todo, se está enfrentando a lanzadores de Grandes Ligas, ganadores de Cy Young. Más adelante será muy difícil de ponchar”.

-Cuando llegó, ¿qué pensó que le iba a costar más?

“Lo más difícil para todo novato, leer los pitcheos y conocer a los bateadores. Hasta hoy, se ha excedido”.

La satisfacción de Black frente al impulso audaz que proporciona Cabrera es obvia. Rápidamente el diamante pinolero se está convirtiendo en algo real para el futuro de los Padres. El “cada día que pasa lo veo mejor”, lo dice todo, y hasta más.


dplay@ibw.com.ni