Edgard Tijerino
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Abrumado por la presión, y rabiosamente desesperado después de ver su defensa súbitamente envejecida frente a Brasil, mostrarse como el animal moribundo que nos grafica Phillip Roth, el técnico de Argentina, Diego Maradona, se encuentra al borde del infarto, con el difícil equipo paraguayo esperándolo en la vuelta de la esquina, buscando cómo garantizar su pasaporte a Sudáfrica.

Con 22 puntos faltando tres juegos, Argentina se encuentra en “el saludable” aunque no tranquilizante cuarto lugar, superando al resucitado equipo de Colombia y al peligroso pero recientemente golpeado Ecuador, que tienen 20, compartiendo la quinta posición que obliga al repechaje, perseguidos por Uruguay y Venezuela, abrazados con 18, y todavía con esperanzas de algo milagroso.

Brasil sacó el máximo provecho de los errores defensivos argentinos con jugadas a balón quieto en los dos primeros goles logrados por Luisao y Luis Fabiano, y el tercero, con un pase vertical profundo y preciso de Kaká, materializado también por Fabiano.

¿Por qué Brasil se ve tan efectivo, en tanto Argentina carece de respuestas sin poder alcanzar el funcionamiento adecuado? Sencillo, los cracks de Brasil rinden tanto como lo hacen en Europa, mientras los de Argentina, parecen ser pálidas fotocopias, con fallas muy visibles.

Astros de indiscutida jerarquía, como lo son Messi, Tévez, Agüero y Milito, por mencionar los más promocionados, se quedan cortos, y consecuentemente Argentina en la fase eliminatoria, ha provocado resultados tan frustrantes, como la goleada frente a Bolivia por 6-1.

¿Quién iba a pensar que con ese reluciente plantel, cargado de estrellas, el equipo argentino sería doblegado cinco veces en quince juegos, incluyendo tres derrotas en los últimos cuatro partidos, con sólo un difícil triunfo por 1-0 sobre Colombia?.

“Soy irrompible”, dijo Diego Maradona después de la derrota inobjetable, cuando su equipo no supo capitalizar un excelente despegue con grandes oportunidades para Tévez y Messi, antes que Brasil, aún sin conseguir lo máximo de Robinho, y con Kaká haciendo sólo apariciones oportunas --como el pase atrás dentro del área a Maicon, facilitando remate, rebote y entrada mortífera de Luis Fabiano, y la entrega magistral al mismo Fabiano para el tercer gol--, se estableciera con disciplina y perseverancia abriéndole espacio a los toques de genialidad con cierta dosificación.

No es cierto lo que dice Diego. Como jugador sí fue irrompible, pero lo está siendo como director de una orquesta que no logra afinar, y que ha sido vencida por Colombia 2-1 en marzo de 2007, por Chile 1-0 en octubre de 2008, y en tres recientes batallas, ya bajo su mandato: el 6-1 frente a Bolivia, 2-1 ante Ecuador y ahora este 3-1 aplicado por la contundencia y efectividad de Brasil, con sólo una derrota en 15 juegos, y el boleto para Sudáfrica ya asegurado.

¿Se imaginan el impacto que provocaría el próximo mundial sin Argentina? No creo que eso ocurra porque sería demasiado grotesco. Aún yendo al repechaje contra el cuarto de la Concacaf, Argentina parece estar adentro, a menos, claro está, que se derrumbe ante Paraguay y quede expuesta a lo que hagan Colombia y Ecuador, que se enfrentan a Uruguay y Bolivia el miércoles.

Por ahora, el corazón de Diego necesita estar siendo chequeado minuto a minuto.


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