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ESPNDEPORTES

Floyd Mayweather Jr. no trajo el Rolls, lo que probablemente haya sido una buena idea. Incluso en una ciudad que celebra la extravagancia, tiende a llamar la atención, especialmente de la Policía.

En cambio, apareció al volante de su propio camión blindado, equipado con todo, menos sacos de dinero.

“Eso lo guardo en el banco, baby”, dijo Mayweather, “aunque mi camión sea a prueba de balas”.

Las balas estaban silbando la otra noche, cuando el Rolls Royce de Mayweather fue detectado en el estacionamiento de una pista de patinaje de Las Vegas, por lo que la policía inspeccionó el vehículo y su mansión “Big Boy” en busca de pruebas para encontrar al tirador. Mayweather no es considerado sospechoso, según comentó la Policía, pero salieron de su domicilio con armas, municiones y chalecos antibalas.

Los camarógrafos de HBO que están documentando la vida de Mayweather para los últimos episodios del semi-reality show “24/7” no estaban presentes, probablemente porque no siempre hay reality los siete días de la semana. Sí estuvieron ahí el miércoles, no obstante, cuando Mayweather llegó para hacer un poco de sparring y un montón de promoción para su pelea de regreso el próximo 12 de septiembre contra Juan Manuel Márquez.

Necesita el sparring porque no ha peleado en casi dos años. Se retiró tras noquear a Ricky Hatton en su último combate, diciendo que necesitaba un descanso del deporte que había consumido su vida.

La pelea también necesita promoción. Aunque Márquez se mantuvo más que entero en dos combates ante Manny Pacquiao, subirá dos categorías de peso para enfrentarse a Mayweather y no es alguien súper reconocido en este país, y mucho menos un imán en la boletería.

A eso súmale el hecho de que la pelea tendrá que competir con un evento de UFC y que la cartera de Mayweather depende de cuántas casas estén dispuestas a pagar $50 para verlo, y no cabe duda de por qué está tan ansioso por llamar la atención de la gente. Hay más autos blindados por comprar, y podrían estar repletos de bolsas con dinero.

“Siento que soy una estrella del PPV”, dijo Mayweather. “Estoy ansioso por hacerlo”.

El escenario fue el gimnasio de Mayweather en Chinatown, que, como tantas otras cosas en esta engañosa ciudad, es más falso que verdadero. Afuera, el catering cocinaba hamburguesas en vez de pato de Peking y servía limonada a quienes se derretían bajo los 42°C de temperatura aguardando su llegada.

Está a sólo 20 minutos de la nueva mansión de Mayweather que, según el día en que le preguntes, tiene una superficie de 10,000 pies cuadrados o 20,000 pies cuadrados [929 m² o 1858 m²] y tiene un valor de $16.1 millones u otra cifra descabellada.

Mayweather se refiere a su nueva morada como “Big Boy Mansion” para diferenciarla de su otro domicilio, que solamente tenía 7,300 pies cuadrados. Quienquiera que haya visto el “24-7” de HBO la semana pasada, que tiene el único propósito de generar compras de PPV por cable, la habría reconocido como el lugar en el que Floyd y sus amigos estaban jugando Craps sobre la mesa de pool en la sala de estar.


No es fácil ser “Money” Mayweather. A veces tienes que esforzarte por encontrar formas de gastar tu dinero, especialmente cuando el camión blindado con interiores de gamuza, Playstation y pantalla plana de 40 pulgadas está siendo usado para otra cosa.

Y tampoco es fácil ser un Mayweather. El mes pasado casi pierde a su entrenador cuando su tío, Roger Mayweather, fue arrestado porque habría ahorcado a una de las boxeadoras que entrena. Es bueno que se haya reconciliado con su padre, Floyd Sr., después de nueve años de distanciamiento, en caso de que vaya a necesitarlo de vuelta en su rincón.

“Siempre hay polémica alrededor de Mayweather”, dijo Mayweather.