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Dicen que habla solo por las calles, que se frota las manos constantemente y que le cuesta mucho concentrarse en algo, mucho menos en su carrera de lanzador. La depresión y la ansiedad han convertido a Dontrelle Willis en un fantasma de lo que fue el pelotero más carismático y alegre de las Grandes Ligas.

Los Tigres están a punto de tirar la toalla y resignarse a perder los $29 millones que le regalaron cuando el entonces Tren-D llegó a Detroit procedente de los Marlins amparado en números impresionantes y la reputación de ser uno de los jugadores más entregados al béisbol.

Al menos, ya no lo quieren este año en el equipo grande y le han dicho que vaya para su casa hasta nuevo aviso. No puede ser de otra manera para quien finalizó con foja de 1-4 y efectividad de 7.49 en siete aperturas.

“El que ve a Dontrelle ahora y lo compara con sus años en los Marlins se llevará una gran decepción’’, expresó un agente con conocimiento del tema. “Da pena, porque la sonrisa aquella que parecía iluminar el sur de la Florida se ha borrado por completo. Pero aquí la culpa es de los Tigres que no hicieron bien su trabajo de investigación, porque Dontrelle dio destellos de sus problemas con los peces’’.

Según esta fuente, el Willis de sus últimos tiempos con los Marlins tampoco tenía mucho que ver con aquel que ayudó a ganar la Serie Mundial de 2003 directamente desde Doble A, ni el que sumó 22 triunfos en 2005 y estuvo a punto de conquistar el premio Cy Young.

“No, a pesar de todo, Dontrelle era un muchacho muy bien centrado’’, explicó Emanuel Muñoz, vocero del equipo. “Nos dio más alegrías que problemas y nunca percibimos algún tipo de depresión. Sin duda, parecía un muchacho grande, pero eso era parte de su atractivo. Aquí, junto a Miguel Cabrera, era la cara de la organización, uno de los primeros’’.

Para otro experto en relaciones con peloteros de Grandes Ligas, Willis es el típico caso de quien era el niño mimado en una franquicia, donde se lo perdonaban todo, y se ve obligado a cambiar de aires y a lidiar con ejecutivos no tan dispuestos a pasar por alto sus faltas.

Willis no es el único que ha caído víctima de la depresión y la ansiedad en esta temporada. Ahí también están los casos de Justin Duchscherer, dos veces estelar de Oakland; el torpedero de San Luis, Khalil Greene, quien parecía destinado a ganar muchos Guantes de Oro; y del inicialista de Cincinnati, Joey Votto, un hombre que prometía ser un tormento ofensivo.