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¡Hey, incrédulos como yo! Nicaragua 8-Japón 4 en el Mundial de Béisbol. Así que sentémonos, porque las bolas siguen siendo tan redondas como las dudas y las certezas, y no todo está escrito, como equivocadamente pensaba Diógenes. Amigos, apartémonos del escabroso sendero del pesimismo por el que tanto tiempo hemos transitado, para gritar a todo pulmón: ¡el béisbol pinolero ha renacido en Croacia, vive, pelea y gana!, y podría continuar haciéndolo en Holanda, otro país que no sabe nada sobre el prestigio que en este deporte, por tanto tiempo cultivaron los grandes peloteros nicaragüenses, pero que están comenzando a conocerlo y se emocionan con nuestro juego.

Triunfos como éste, tan imprevisibles como espectaculares, fortalecen esperanzas y llenan el alma de los fanáticos, haciéndolos sentirse en un paraíso recobrado, atravesando por un sueño reactivado que deseáramos, imposible de acabarse.

El quinto jonrón del enfurecido Jimmy González, dos de Edgard López, y otro de Esteban Ramírez, fueron las columnas ofensivas que sirvieron de apoyo al pitcheo espartano del abridor zurdo Esteban Pérez, para estructurar esta victoria, la tercera consecutiva en el torneo, garantizada por el remate autoritario de Berman Espinoza, que hizo olvidar el peligro de hundimiento cuando Oswaldo Mairena estuvo fugazmente en la colina, sometido a cañoneo amenazante.

Hay que tener buena memoria y regresar al Mundial de 1984 realizado en Cuba, para recordar el primer triunfo de Nicaragua sobre Japón, con aquel dramático jonrón de última hora disparado por Julio Medina contra Fujikawa, encontrando a Cayetano García en circulación, que estremeció al país por sus cuatro costados, cuando todavía creíamos ingenuamente en aquel cuento que todo sería mejor.

Nicaragua mostrando el mayor poder de la primera etapa con 13 jonrones en tres juegos. Algo sin precedentes en la historia de estas Series. ¿Cómo sospechar esa erupción, tan ruidosa como la del Vesubio? Cierto, fuimos líderes en nuestro primer Mundial, allá por 1939, cuando el mundo era en blanco y negro, y los únicos dos cuadrangulares del evento fueron conectados por Stanley Cayasso y Jonathan Robinson, mientras los artilleros de Cuba y Estados Unidos, quedaban en cero. Ahora, frente a los 13 estacazos pinoleros, Cuba y México han disparado10, por 9 de Estados Unidos, 6 de Venezuela y 4 de Japón. ¿Qué les parece esa desproporción inesperada?

Esteban Pérez, en su “bautismo de fuego”, pareció estarse graduando. Sólo tres hits en contra durante su faena de seis entradas, permitiendo una carrera, ponchando a cuatro y cediendo dos boletos. De pronto, Pérez como zurdo, era una fotocopia de aquel Antonio Herradora que en 1971, sorprendentemente tenía al devastador bateo cubano en una carrera después de ocho entradas, respondiendo a la confianza de Heberto. ¡Wow!.

El equipo que salió de casa sin fogueo, sin permitirnos entrar en cálculos sobre sus posibilidades por no poder calibrar su potencial, ni conocer el de la mayoría de sus adversarios, ha crecido de golpe con esa contundente victoria sobre Japón, y ahora nos hace cabalgar sobre diferentes expectativas.

¿Hasta dónde será capaz de llegar? Esa es la gran intriga que revolotea alrededor de este impactante renacimiento.

dplay@ibw.com.ni