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Sonó tarde el despertador. Cuando el equipo nica reaccionó en los últimos tres innings, Venezuela, que “nos madrugó” con una ofensiva de cuatro carreras en el propio inicio del juego contra un Álvaro López desorientado, supo sujetarlo lo necesario y terminar de apretarlo contra las sogas, para imponerse 7 por 4.

¡Cómo duele perder después de haber mostrado tanto crecimiento frente a Japón! Me recuerda lo que ocurrió en Dominicana, en 1972, cuando después de vencer a Cuba, caímos frente a Panamá. ¿Por qué somos un equipo de contrastes?, se preguntó Tony Castaño en el dogout en aquella ocasión, intentando despegar su cabeza del cuello.

Frente a casi el mismo equipo que derrotamos 7x1 hace un año, en el Pre-Mundial realizado precisamente en Venezuela, con pitcheo de Armando Hernández y jonrones de Renato Morales y Edgar López, nuestra tropa, que pasó del aeropuerto al Estadio en Rotterdam, fue superada en el inicio de la segunda etapa, en la cual, existe la obligación de ganar cuatro de los siete juegos, para poder meterse en la fase final, con los cuatro clasificados del otro grupo.

El impacto provocado por esas cuatro carreras venezolanas en el cierre del primer inning, fue muy fuerte, como la temprana combinación de golpes que recibió Shane Mosley en su primer combate con Vernon Forrest. Nunca se recuperó. Sin embargo, con el marcador en contra 6-0 –ampliado por el jonrón de Luis Ladaeta con uno a bordo en el tercero-, limitados a sólo tres hits en las primeras cinco entradas por el pitcheo de Jacobo Sequera, los nicas dieron señales de vida con una carrera en el séptimo, dos en el octavo y la última en el noveno, insuficientes para forzar el milagro. Venezuela todavía tuvo aliento para marcar su séptima carrera en la recta final.

¿Qué tan poco fuimos en los primeros seis innings? Se logró presionar, pero el bateo oportuno se ocultó en los momentos cumbres. En tres ocasiones se facilitaron doble plays, cuando el equipo estaba a punto de comenzar a morder. Dos batazos de López y uno de Matamoros, nos cortaron la respiración y “oxigenaron” el pitcheo de Sequera, que contó con el difícil remate de José Rodríguez, como gran soporte. ¿Y qué decir -mientras lanzamos puñetazos de frustración hacia las nubes- de la gran atrapada realizada por William Vásquez sobre ese batazo de Renato Morales en el octavo, que con dos en posición anotadora, pudo armar un gran alboroto presionando el marcador?
No estoy pretendiendo someter a discusión lo justo del resultado, simplemente se trata de hacerle un reconocimiento a la capacidad de lucha del equipo nacional, que cuando dejó de ver a Sequera en la colina, consiguió energizarse y volcarse ofensivamente, dejando constancia de su nivel de competencia, más allá de la derrota.

Se perdió la primera batalla de la segunda fase. ¡Cómo duele eso viendo naufragar por vez primera al pitcheo abridor y sabiendo que Cuba nos espera en la vuelta de la esquina! Pero el torneo todavía es un canto de vida y esperanza para nosotros.


dplay@ibw.com.ni