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El primer septiembre en las mayores de Everth Cabrera, está siendo tan silencioso como las pisadas del fantasma de la ópera que nos presenta Gastón Leroux en su intrigante novela. Como bateador, ni siquiera el recurso del machucón, arma esencial del nicaragüense para desequilibrar defensas y embasarse, ha estado funcionando.

Con un hit en cuatro turnos el sábado -un batazo dentro del cuadro en el primer inning-, y fallando cuatro veces el domingo con dos ponches, pero empujando su carrera 27 con una base por bolas estando la casa llena, el ahora controlado Everth, vio descender su porcentaje a 261 puntos, mientras los Padres derrotaban por segundo juego consecutivo a los Rockies de Colorado, beneficiando a los Dodgers, que sólo contaron con cuatro entradas del derrotado Chad Billingsley (12-10), al ser superados por los Gigantes y Brad Penny 7 por 2, después de haber triunfado el sábado con el revitalizado Vicente Padilla.

Obviamente, no entraba en nuestros cálculos ver a Cabrera como un bateador de 300 en Grandes Ligas, pero su sorprendente impulso, alteró las expectativas. Es por eso que preocupa verlo atravesar por un septiembre ensombrecido, limitado a 200 puntos con 9 hits en 45 turnos, cinco de ellos, dentro del cuadro. Con los dos ponches de ayer, llegó a 68, permaneciendo con 23 bases robadas, y convenciendo defensivamente como un paracorto funcional, quitándoles a los Padres lo que era un dolor de cabeza desde que se marchó Khalil Greene.

Everth entra hoy a una serie de tres juegos con los Cascabeles de Arizona, equipo tan desahuciado como los Padres habitando en el mismo vecindario.