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Los valientes siempre son obstinados, como Aníbal, y también los peloteros de agallas que tienen clase, como Ofilio Castro.

Después de fallar en sus dos primeros turnos, la posibilidad de arrebatarle el título de bateo al dominicano Manuel Mejía parecía haber saltado hecha astillas, convirtiéndose en cenizas.

Es la adversidad la que somete a prueba nuestro carácter, nuestra voluntad, nuestra capacidad. Y Ofilio, como el viejo que grafica Hemingway batallando fieramente con el gran pez que dobla su brazos y hace crujir la caña, resurgió bruscamente con tres hits consecutivos, incluyendo un toque en el último grito del drama, para arrebatarle el botín a Mejía, quien falló tres veces frente al pitcheo del Chinandega, mostrando un aturdimiento que resultó mortal.

Mejía también fue valiente. De haber estado en el banco, se hubiera coronado con 353 de promedio, superando los 351 que alcanzó Ofilio cerrando el torneo regular en forma huracanada. Vio desvanecerse sus esperanzas, mostrando la misma determinación de Ted Williams, en 1941, cuando no quiso preservar un cierre de cifras que le permitía registrar 400 puntos, saliendo a tomar su último turno para disparar el cohete que lo llevó a 406.

Sentarse no es algo seguro. En 1976, Ken Griffey padre, de los Rojos, no fue alineado el último día, confiando en que la ventaja sobre Bill Madlock de los Piratas, era suficientemente tranquilizante. No fue así. Madlock conectó hits en sus tres primeros turnos, obligando a Griffey a salir del dogout para fallar dos veces y terminar de hundirse. Madlock todavía tuvo tiempo de un tiro de gracia con su cuarto hit del juego.

Entre Manuel Mejía y Ofilio Castro no hubo espacio para especulaciones. Tomaron sus maderos y fueron directos al cajón de bateo.

Se creyó que frente al pitcheo joven del Chinandega, Mejía podría continuar tronando como lo había estado haciendo sosteniéndose en la cima de los bateadores contra viento y marea, pero su bate se aflojó en el momento cumbre, en tanto Ofilio, frente a un pitcheo más exigente que incluyó el último turno frente al temido derecho Aristides Sevilla, a quien le tocó la pelota para decidir la batalla, supo responder bajo presión.

Informa Jaime García que Ofilio falló dos veces contra Jorge Bucardo antes de conectarle un doble en el quinto, siguió con un sencillo sobre disparo de Manuel Pineda en el séptimo y recurrió a ese oportuno pellizco frente a Sevilla que se convirtió en algo grandioso.

La frustración de Mejía fue tan inmensa que pareció llenar el Estadio. Por un momento, el artillero dominicano se sintió tragado por la tierra, con todas sus municiones húmedas.


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