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Ya estoy listo aquí en West Palm Beach, imaginariamente con los spikes puestos, para ver el juego cumbre del Mundial de Béisbol, con Cuba retando a Estados Unidos, que defiende el banderín conquistado hace dos años en Taipei, dependiendo de una tropa de prospectos muy bien seleccionados en los niveles Triple y Doble A, entre los que destacan, el jonronero Justin Smoak y Pedro Álvarez, rodeados de gigantescos signos de admiración.

Hace unos días, Estados Unidos derrotó a Cuba 5 por 3, repitiendo lo conseguido en la final de Taipei, con aquella victoria por 6-3. Pero todos sabemos lo “duro de matar” que son los antillanos desde tiempos inmemoriales, cuando Melquíades se movía en Macondo, y hoy en el reino de Fidel y de Raúl, todos esperan que Norge Luis Vera, ese veterano de brazo derecho inagotable, por el que circula la sangre sobre cables de acero, dueño de un corazón agitado que se hincha lanzamiento tras lanzamiento, logre sujetar el impulso ofensivo de los norteamericanos, y Cuba regrese al trono.

Las esperanzas en Vera, quien en 1998 realizó un relevo magistral manteniendo sin hit a los Orioles por siete innings, están bien fundamentadas. Pítcher sin edad como Pedro Luis Lazo, quien seguramente entrará como respaldo, Vera ha ganado los tres juegos que ha iniciado en este Mundial, permitiendo sólo una carrera a lo largo de 20 entradas y dos tercios. Revisen este significativo detalle: se impuso 10-0 a Puerto Rico en la fase de tanteo con faena de 3 hits y 8 ponches en 7 episodios; doblegó 10-0 a Venezuela en la siguiente ronda, ponchando a 10 en otros 7 innings; y caminó seis y dos tercios ante Australia, en la difícil victoria por 2-1, abriendo la tercera etapa.

Vera pertenece a esa “raza” de pítcheres que nos hacen preguntarnos ¿cuándo alguien está verdaderamente viejo?, con una respuesta largamente manejada por Conrado Marrero: sólo cuando dejas de ser eficiente.

Desde 1984 en La Habana, Cuba ha estado en todas las 11 finales de Campeonatos Mundiales incluida la de hoy, y desde 1988 en Italia, sus artilleros –entre Antonio Pacheco y Eduardo Paret, incluyendo a Kindelán dos veces, más Urrutia, Ulacia y Enríquez - obtuvieron siete cetros de bateo consecutivos, racha cortada en el 2007 por el australiano Tient Oeltjen.

Afectada por las fugas, Cuba perdió pítcheres como Chapman y Martí, y un bateador del calibre de Kendry Morales -construyendo su primera temporada de 30 jonrones y 100 remolques en las mayores-, pero tiene suficiente pólvora en los bates de Héctor Oliveras (de 39-17 para .436 puntos), Alfredo Despaigne, quien impuso marca conectando 10 jonrones, Michel Enríquez, Yulieski Gourriel, Cepeda y Céspedes, y los cartuchos que le quedan a Pestano.

Como siempre, Cuba-Estados Unidos es un impredecible duelo, espectacular y de desenlaces dramáticos. Lo certifica la historia, no sólo de estos torneos, sino también la de Juegos Panamericanos y Olímpicos.

dplay@ibw.com.ni