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La imagen quedó congelada sólo por un brevísimo instante, sin tiempo para parpadear, y casi de inmediato, se esfumó: el juez de primera, apretando en su puño derecho la posibilidad norteamericana de quebrar el empate 4-4, había comenzado el impulso para decretar el tercer out de ese inicio del séptimo inning, cuando el errático manotazo de Ariel Borrero, dejó con vida a Trevor Plouffe, permitió el desequilibrio en la pizarra, y todo se derrumbó para Cuba.

Cuando detrás de un error te fabrican seis carreras en la recta final de un juego tan bravamente peleado por los antillanos, te cortan el aliento, el oxígeno y la circulación de la sangre. Te roban el alma.

¡Diablos, cómo se frustró el gran esfuerzo del intermedista Oliveras con excelente disparo a continuación de una atrapada de 24 kilates! El out, muy cerrado, estaba ahí, y el final del inning sin carreras. Pedro Luis Lazo, tan veterano que puede haberse boleado con Fidel, estaba realizando un notable rescate de Norge Luis Vera, el abridor cubano, de pitcheo valiente y competitivo, víctima del jonrón de tres carreras conectado por el catcher May Lucas en el segundo episodio, y del solitario disparado por Tug Hulett en el quinto.

Ponchando a 8 en seis entradas y dos tercios, permitiendo cuatro hits, Vera, con dos outs y bases limpias, boleó a Hulett y fue sacudido por doble de Coats. Era el momento para sacar del museo cubano de la fama, a Lazo, capaz de entrar al infierno para sacar un out importante. El batazo de Plouffe fue dificil, pero Oliveras lo rastreó muy bien hacia su derecha, cortó la trayectoria, giró y envió el disparo. El árbitro Juan Rodríguez estaba tan atento como el cazador con su rifle amartillado, y cuando comenzaba su impulso, Borrero le dio una bofetada a la pelota, que era capaz de fracturar la mandíbula de Mayweather.

Coast y Hullet anotaron, y después, hit de Smoak y hit de Weber, sacan a Lazo y llevan a Miguel González, el de los 10 ponches seguidos. Imparables consecutivos de Tiffee, Kroeger y May, culminaron la destructiva ofensiva de seis carreras, facilitada por el manotazo fatal de Borrero.

Cuba, que logró forzar el empate 4-4 después de 6 entradas con fly de sacrificio de Gourriel y hit de Pestano en el cuarto, y el jonrón de Borrero con Cepeda en camino en el sexto, todavía dio otra señal de vida en el octavo por el jonrón de Despaigne, que selló el marcador 10-5.

El béisbol es así de imprevisible y cruel. En Cuba quizás estaban revisando las medidas de Borrero para construirle una estatua, cuando cometió ese error provocador de una fatalidad que bien podría ser descrita por Sófocles con todos sus detalles y repercusiones. Borrero podría estar deseando escapar y no regresar a Cuba, por ahora, mientras la fanaticada sangra por esa herida.