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El País, Madrid
Oscar Pistorius, de 21 años, nació sin peronés y a los 11 meses le amputaron ambas piernas justo por debajo de las rodillas. Pese a eso le ha dado por practicar deporte, por correr muy deprisa y por soñar con participar en los Juegos Olímpicos de Pekín. Y para la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), el organismo que debe dar su visto bueno a su licencia, en sueño se deberá quedar su aspiración. El organismo emitió un comunicado desde su sede de Mónaco anunciando que no permite a Pistorius, surafricano, participar con sus prótesis islandesas de fibra de carbono junto a atletas con piernas de carne y hueso.

“¿Por qué?”, pregunta Pistorius, que piensa dispensar la misma energía en la persecución de su sueño olímpico que la gastada en su lucha de más de 20 años por superar todas las dificultades cotidianas. “Porque corres con ventaja”, le responden en la IAAF. Irónica respuesta a un amputado. Como se enteren Jeremy Wariner, Kerron Clement y compañía, toda la elite de los 400 metros, la distancia favorita de Pistorius, se cortarán las piernas rápidamente y se pondrán las mismas cuchillas, bautizadas apropiadamente con el nombre de cheetah (guepardo) para convertirse también en atletas biónicos, en otros bladerunners.

¿No habíamos quedado en que el cuerpo humano era la máquina más perfecta?
No en este caso, responden desde el laboratorio de biomecánica de Colonia donde han estudiado con detenimiento tanto el cuerpo de carne y hueso de Pistorius como sus extensiones sintéticas. Su conclusión, sobre la que se basa la negativa de la IAAF y el probable y subsiguiente recurso de Pistorius ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS), es que el atleta surafricano corre sobre muelles, lo que le permite subvertir la lógica fisiológica de una prueba como la de 400 metros, la más dura del atletismo, la que más acerca a sus límites de dolor al ser humano.

Según el estudio de Colonia, que le ha costado 50.000 euros a la IAAF y que ha sido dirigido por el profesor Gert-Peter Brueggemann, es como si Pistorius corriera sobre muelles. Sus cuchillas le devuelven el 90% de la energía producida cuando golpean sobre el suelo para propulsarlo hacia adelante. Un atleta sin prótesis sólo recibe la devolución de un 60% de la energía. Como la pérdida de energía en sus cuchillas es mucho menor que la que pierde un tobillo humano acelerando, Brueggemann concluyó que las prótesis son mucho más eficientes desde el punto de vista mecánico. Y, como gracias al efecto muelle, el retorno de energía no disminuye durante la carrera pese al aumento de fatiga -mientras que el 60% del pie normal baja según pasa el tiempo-, la prótesis le confiere a Pistorius también una mayor eficiencia fisiológica. Eso significa que el atleta biónico de Sudáfrica es capaz de correr a la misma velocidad que otros atletas pero gastando mucha menos energía, con un menor consumo de oxígeno.

No es que Pistorius corra muy rápido --su mejor marca ronda los 46.5 segundos, a un segundo de la mínima exigida para participar en los Juegos de Pekín, a casi tres segundos, casi 30 metros, de las marcas en que se mueve Jeremy Wariner, el mejor cuatrocentista del momento-, pero su carrera sí que tiene una cualidad que no posee la de los mejores del mundo: contrariamente a la lógica fisiológica, a la disminución de la velocidad con la fatiga y el aumento del ácido láctico y todo eso, sólo Pistorius es capaz de correr más rápidos los segundos 200 metros que los primeros. Durante los 400 metros de la lluviosa reunión de Sheffield, este verano, el surafricano corrió los 400 metros en 47.65 segundos. Los primeros 200 los corrió en 24.4s; los segundos, en 23.3s. Un atleta de elite suele tardar dos segundos más en la segunda parte.

A esta lógica mecánico-fisiológica, la misma por la que la PGA prohibió a un golfista con una enfermedad en las piernas usar un cochecito en los torneos de golf, Pistorius quiere responder con la lógica-lógica. “¿Cómo me pueden prohibir competir usando las mismas herramientas sin las cuales no podría ni andar, no digamos correr?”.