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Un documental sobre béisbol ha hecho historia en Cuba. Por primera vez en más de cuatro décadas, relevantes figuras de este deporte que se marcharon de su país y triunfaron en Estados Unidos han tenido rostro y voz en televisión, pese a que oficialmente son considerados desertores, traidores a la patria. El filme Fuera de Liga, del joven realizador cubano Ian Padrón, ha obrado el milagro, si bien resucitar a estrellas de las Grandes Ligas norteamericanas como Orlando El Duque Hernández, que escapó de su país en lancha y hoy es lanzador de los Mets de Nueva York, le costó a Padrón cinco años de vetos institucionales y censura.

“Yo no soy un traidor”, dice Hernández en un momento de la película; “porque tú te hayas ido de Cuba no se puede decir que no eres cubano”. René Arocha, ex lanzador del equipo cubano Industriales, que hoy dirige una escuela de béisbol en Miami, afirma lo mismo y otros jugadores cuentan que se fueron de su país para progresar económica y profesionalmente.

No es poca cosa. Para alguien que no conozca las singularidades de Cuba y de la pasión nacional por el béisbol --la pelota, como es llamado popularmente en la isla-- es difícil entender lo que simboliza la exhibición de Fuera de Liga en el Canal Habana el pasado sábado. “Aunque se haya transmitido en un canal de alcance provincial, es relevante: se rompe un tabú, y de los más tabúes, pues el tema de los deportistas cubanos que pasan al profesionalismo ha sido estigmatizado oficialmente”, asegura el escritor cubano Leonardo Padura.

“En Cuba ha existido una orientación a borrar a estos deportistas de la memoria de la gente y el hecho de que hayan aparecido ahora en Fuera de Liga abre un resquicio en un tema muy politizado y es símbolo de que algunas cosas empiezan a cambiar”, considera Padura, uno de los personajes que Padrón entrevistó en Cuba para su documental.

Fuera de Liga cuenta la historia del equipo Industriales, el más emblemático de la Liga cubana de béisbol, que después del triunfo de la revolución se transformó en amateur al compás de la consigna de “una pelota libre sobre una pelota esclava”. El filme recorre la vida de algunos de las grandes figuras del equipo y retrata las difíciles condiciones en que los jugadores se entrenan y los aficionados sostienen su pasión sin la existencia de fotos, gorras, camisetas u otros productos promocionales.

De los 70 minutos del documental, sólo 10 incluyen a los peloteros cubanos que se fueron a EU, pero precisamente son esos 10 minutos los que hicieron que Fuera de Liga trascendiera lo deportivo y tocara de lleno un problema político, el de los cubanos que abandonan su país y no pueden o no quieren regresar, uno de los dramas de Cuba. Precisamente por ello, el filme, pese a ser una producción del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, fue vetado institucionalmente y desde 2003 sólo circuló en la isla de forma clandestina en copias piratas.

El espacio televisivo en que se exhibió Fuera de Liga incluyó un debate previo y, en un hecho sin precedentes, la moderadora admitió que había sido censurado hasta ahora por tocar un problema “de gran sensibilidad” para la nación, el de los deportistas que abandonan Cuba por una oferta de dinero. Para el Gobierno, se trata de un caso de “robo de talentos” que la propaganda enemiga utiliza en contra de la revolución y los logros de su deporte amateur. Pero para muchos seguidores del béisbol nada hay que justifique que se borre de la historia a estas estrellas del deporte, a las que veneran pese a la distancia.

“Éste es sólo uno de los temas de mi película, pero a lo largo de estos cinco años es el que ha primado quizás porque nunca se ha debatido en los medios cubanos”, aseguró Padrón, de 31 años. Para el realizador, que durante cinco años defendió ante las instituciones de su país la necesidad de que se reconociera su película, el levantamiento del veto a Fuera de Liga es alentador: “Es un primer paso hacia reconocer que la obra está viva. Ha sido un privilegio constatar la emoción de los cubanos después de tantos años de espera”.

Padura, un declarado seguidor de Industriales, admite que nunca pensó que la película podría emitirse en televisión. “En Cuba la pelota es mucho más que la pelota; que, después de estar prohibida, se haya puesto Fuera de Liga y que los habaneros hayan podido ver por fin al Duque va mucho más allá de lo deportivo: es un símbolo más de que algo se mueve y de que se le está perdiendo el miedo a la palabra cambio”.

“Y estoy seguro de una cosa”, afirma el escritor; “los cubanos que vieron hoy la película se sienten mejor que ayer”.