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Eso que vimos anoche, es lo que se llama el pitcheo de una fiera. Frío, pensante, violento y mortífero, Vicente Padilla metió a los Cardenales de Pujols, Ludwick, Holliday y Rasmus, en un callejón sin salida. Se trataba de terminar de estrangular a los temidos artilleros de San Luis, ahogándolos en su favoritismo previo, y el derecho pinolero, con la seriedad de la Esfinge, realizó –como diría Carlos Fuentes- una faena monticular cobijada de bravura, surcada por una cólera acumulada, vieja, nunca olvidada, capaz de hacerlo crecer tan espectacularmente, como lo hizo, asegurando el avance de los Dodgers a la serie por el banderín de liga con esa victoria de 5-1, apenas debilitada por el relevo de Sherrill.

Fueron siete ceros los que construyó Vicente, uno de ellos tan inmenso como un océano, el que dibujó en el primer inning con las bases cargadas, dejando abiertas –sólo por un instante- las puertas de lo intrigante sobre lo que podría ofrecer en el futuro inmediato. Después de eso, los de San Luis desaparecieron como amenaza, incluso el fenomenal Pujols, se vio desarmado en sus dos últimos turnos, primero fauleando constantemente antes de morir en elevado al short, y luego, ponchándose sin hacer swing, con un lanzamiento bajo, deslizante y también discutible. Pujols que había conectado hit en su primer turno, se vio súbitamente, desnudo y enclenque.

¿Ustedes estaban asombrados viendo trabajar a Padilla con tanta autoridad? Yo también. En el posible partido más importante de su carrera, con las miradas de todo el país frente a las pantallas, y la presencia estimulante de su madre en las tribunas, Vicente Padilla mostró su grandeza, logrando juntar fortaleza con precisión e inspiración.

¡Cómo nos alteró ver las bases llenas y Yadier Molina en turno, en ese primer inning! Padilla, enfocado, lo dominó en roletazo al short, y volvimos a respirar. A continuación, un recital, permitiendo sólo un hit a 18 bateadores, que frustrados uno tras otro, daban la impresión de ser tragados por la tierra. El nica estaba fuerte después de 97 lanzamientos. Sacó el último out del séptimo con un pitcheo de 94 millas a Brendan Ryan, pero Joe Torre pensó que con la pizarra 5-0, su esfuerzo había sido suficiente. No era necesario exigirle más a quien los Dodgers no han visto perder. ¡Qué saludable fue el doble impulsador de Manny Ramírez proporcionándole a Padilla una temprana ventaja de 1-0 en el inicio del juego! ¡Cuánto valor adquirió el jonrón de dos carreras de Andre Ethier en el tercero ampliando la diferencia 3-0, ¡Y ese cohete de Furcal que remolcó a Belliard en el cuarto, obligando a LaRussa, a reemplazar a Piñeiro con Smoltz en el inning siguiente! La quinta carrera, en el séptimo, después de dos ponches, fue producida por triple de Ethier y hit de Manny.

Padilla, quien permitió sólo cuatro hits y sólo cedió una base en las siete entradas, ponchando a cuatro, no necesitaba tanto apoyo, pero obviamente lo apreció. Seguramente se sintió como un personaje salido de las páginas de las Mil y una Noches. ¿No lo creen?

dplay@ibw.com.ni