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Después de ser recibido como héroe en su natal Nandaime, el big leaguer de los Padres, Everth Cabrera, ha vuelto a la “normalidad” en su nueva casa, en una zona residencial en Jinotepe. Su mundo “ha dado un vuelco increíble. Todavía no me lo creo. Me han pasado tantas cosas buenas, estoy cumpliendo otro de mis sueños: comprar mi casa”.

Es un lugar cómodo, de clima fresco. Se trata de una casa todavía en proceso de retocar detalles para recibir al volátil campo corto de San Diego. Un grupo de amigos, entre ellos uno que radica en Los Ángeles, Bayardo Morales, quien apoya a cuanto nica pasa por las Ligas Menores en aquella zona, lo acompaña para terminar de arreglar su morada.

Se nota un poco delgado, bien definido, pero no hay duda de que ya no es el mismo muchacho. Detallista en los aspectos del juego, sincero y optimista sobre su futuro y además no sólo es un big leaguer, también ya habla como tal.

“Fue un año grandioso, difícil también, pero con recuerdos inolvidables como cuando regresé de la lesión. Ese día hice par de jugadas buenas que me dieron más confianza. No me puedo quejar, aunque sé que hay cosas en las que debo de mejorar mucho, sobre todo en el bateo. Para eso traigo muchos vídeos de mis mejores turnos, mis ponches, jugadas, muchas cosas que voy a repasar mientras me reporto en enero”.

¿Qué fue lo más especial de esta temporada?

Cuando regresó Manny Ramírez hice dos buenas jugadas, le quité un hit. Ese día me sentí muy motivado, será porque me gusta jugar con el estadio lleno, como esa vez. Pero lo mejor fue el jonrón contra Francisco Rodríguez, lo disfruté tanto porque él me había ponchado en Nueva York e hizo muchos gestos, como siempre... Después que dio las dos bases y me tocaba el turno, sólo me dije, voy a ganarle el juego. Los primeros dos pitcheos salí a buscar la recta, no la tiro, me lanzó un cambio y me montó rápido, pero sabía que no me poncharía con otro cambio, si me va a pasar, va a ser con la recta. Esperé el cambio y lo tiró, le saqué varios fouls hasta que me hizo un lanzamiento perfecto, recta dura y adentro, pero le di bien. Primero creí que sólo era un elevado de sacrificio, pero después miré encantado cómo la pelota iba corriendo y lo celebré porque a un ‘caballo’ como ese no siempre le conectás jonrón y con las bases llenas.

¿Qué pasó en el último mes, bajaste el ritmo?

El último mes fue el más difícil, porque en el resto de la temporada tuve momentos desagradables, pero venía el día siguiente y respondía. No es un pretexto, pero creo que me golpeó un poco el cansancio al final. Nunca había jugado un septiembre peor en Grandes Ligas. Yo había jugado hasta agosto en las menores. Me tiraban recta por el centro y bateaba rollin, me ponchaban rápido. También estaba cansado mentalmente, cometía muchos errores, me sentía frustrado. Pero al día siguiente a pesar del cansancio cualquier jugada para doble play no la fallaba. Eso fue importante porque aun en los momentos duros siempre levantaba la cabeza y ellos valoraron mucho ese trabajo.

Sin embargo, tuviste mejor promedio que Jimmy Rollins, Alex González, Khalil Green...
Trabajé para eso. Para el spring training era el primero que estaba entrenando a las seis de la mañana, y ésa era mi meta, que nadie estuviera antes que yo, y era además el último en salir. Sólo me ponía a pensar que ellos decían que no podía batear en este nivel, pero lo que no sabían es que ésa fue mi principal inspiración, demostrarles a todos los que decían que batearía lo más ciento y algo de average, que estaban equivocados.

Hacía muchos swings, a veces me sentía cansado, pero sabía que tenía que ir porque sólo así podía ser mejor de lo que todos esperaban. A veces el mismo David Eckstein me decía: ‘¿Querés ser un grandes ligas siempre? Trabajá como un grandes ligas todos los días sin descansar. ¿Querés ser un superestrella? Trabajá como superestrella.

¿En qué mejoraste más?

Maduré mucho en los momentos malos cuando la presión está encima de uno.

El año pasado, por ejemplo, en los Turistas de Asheville (Clase A con los Rockies) cuando algo me salía mal estrellaba las cosas en el dogout, pateaba. Este año hacía errores, llegaba al dogout, me sentaba tranquilo y me analizaba a mí mismo qué fue lo que hice mal. Hice esto tan pendejo, no moví los pies, levanté la cara, el guante se me fue para un lado, fui más agresivo de la cuenta, más rápido de la cuenta. En el bateo me ajusté mucho con dos strikes, es cierto que recibí muchos ponches, pero también agarré turnos buenos.

En varias ocasiones el manager, Budy Black, te puso como ejemplo a seguir...
Desde el spring training me puse el sello de que quería trabajar con una gran actitud. Creo que al final no fue tanto por mis habilidades que me dieron el chance, sino que los motivó cuando me vieron más temprano en el gimnasio, bateando, fildeando. El entrenador del equipo siempre dijo que yo era el primero y el último en salir del gimnasio, siempre trabajando duro. Antes del juego hacía un poco de hombros, hacía bicicleta, lo que me hiciera falta para sentirme mejor, y eso me ayudó mucho en las valoraciones. Era callado además, hacía mis cosas, aprendí lo que tenía que hacer, sin hacer bulla.

Mucha gente se identificó con tu trabajo...

Manny Ramírez después del juego que regresó por la sanción me dijo: ‘Por qué me estás agarrando esos batazos’. Me dio algunos consejos, lo mismo que Rafael Furcal, varias veces platicábamos y no dudaron en decirme cómo debía ubicarme con dos strike. Albert Pujols me dijo una vez que en los primeros turnos buscara cómo darle duro a la bola y después, si no tenía hit, buscar cómo tocar.

Te hubiera gustado enfrentar a Padilla.

Le dije después del juego en el que pudimos enfrentarnos que él pidió al manager que lo sacara porque no quería que yo le pagara raya. Yo quería enfrentarlo, incluso en el equipo todos estuvieron pendientes y comentaban que estaríamos frente a frente los dos nicas. Fue emocionante, pero no se dio, espero que el próximo año sí lo haga, ya veremos qué tal nos va.

Después de este primer año, ¿cómo mirás tu futuro?

Sé que el segundo año va a ser más difícil todavía. Me van a conocer más los pitcheres, sabrán que si me ponché este año con un tipo de lanzamiento, me lo van a tirar, por eso debo prepararme muy bien. Mucha gente ha comparado mi juego con el de Ozzie Smith, Omar Vizquel y Rafael Furcal, que por cierto es mi ídolo, pero ahora que estoy acá, quiero poner mi nombre en la historia de los campocorto. Por qué no pensarlo, yo creo que puedo ser mejor que Furcal. Ésa va a ser mi meta, pero voy a trabajar todos los días pensando en hacerlo.