Edgard Tijerino
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El gol de Mario Bolatti en el minuto 84, con Diego Maradona revoloteando desesperado temiendo lo peor --un chispazo uruguayo a última hora--, hizo estallar de júbilo a Argentina, y emocionó a todos los que queríamos su clasificación directa, pero no pudo ocultar lo deprimente que fue la actuación del equipo.

Si hubo un equipo que merecía vencer en medio de lo confuso del juego ése fue Uruguay, con mejor manejo de la pelota y los espacios, suficiente capacidad para ejercer presión y prevalecer en la recuperación, sin llegar a iluminar la cancha con brillo, pero ganó Argentina, pese a que jugó “al bolsazo” la mayor parte del tiempo, carente de ideas y sin profundidad, con apenas tres gestiones ofensivas reales a lo largo de 90 minutos, y sobreviviendo a varias amenazas serias.

Hay una copla popular de Bocayá, Colombia, que aparece en el libro “Las caras y las máscaras”, y dice así: “Yo no sé dónde nací, ni sé tampoco quién soy, no sé de dónde he venido, ni para dónde voy”. Exactamente así jugó Argentina, hasta que apareció Bolatti, aunque un Maradona desbordado haya gritado a todo pulmón: Les pedí a mis jugadores que explotaran y explotaron. Jugaron como hombres y me consagraron como técnico. Este triunfo va para todos los argentinos, menos los periodistas.

Por favor, ¿a qué jugó Argentina ayer en Montevideo? ¿Qué partido vio Diego? ¿Cómo es posible que Messi haya seguido desconectado? ¿Y esa defensa a ratos apretándose contra su cabaña, sacando agua del pozo de cualquier manera? ¿En qué momento se hizo la luz en el medio campo gaucho?

En una jugada con balón quieto después de la expulsión del innecesariamente agresivo Cáceres, el pequeño Messi decidió hacer una entrega horizontal para facilitar el bombazo de Verón, que rebotó en la defensa como buscando una carambola a tres bandas, y fue tomado por Balotti, recién ingresado por Higuaín. Excelente el rápido y preciso manejo de la pelota para conseguir, en una posición incómoda, el perfil necesario para el disparo de derecha y la perforación de Muslera.

No fue un fútbol fluido el que desplegó Uruguay, que mostró sus limitaciones en un juego de vencer o morir, pero fue más ordenado y con mejor criterio sobre la utilización de las bandas, multiplicándose en el marcaje ya fuera sobre Messi o cualquier otro, fabricando más opciones, pero sin llegar a concretar, y ése es un pecado capital en el fútbol, que tiene un alto costo. Rodríguez, Suárez, Scotti y Pereira, dispusieron de oportunidades malogradas, y Forlán cañoneó inútilmente desde muy lejos, mientras el reloj avanzaba implacablemente.

Balotti, centrocampista de Huracán, acababa de entrar por Higuaín en el minuto 80, y escrito estaba que cuatro más tarde, terminaría con el sufrimiento argentino, resolviendo esa jugada con la serenidad y el oficio de un goleador que se siente como un tigre en el área.

Eso sí, fue lo mejor del partido, pero no lo salva de la mediocridad global.

dplay@ibw.com.ni