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Después de batallar por casi un mes con una enfermedad terminal, Martín Fletes, otrora jugador de los Diablos Rojos del América y de selecciones nacionales de los años 70, entregó su vida al creador ayer en su casa de habitación.

Fletes, quien militó desde las juveniles hasta la Segunda División con los americanistas y ascendió con el equipo a Primera División, a inicios de los años 70, estuvo hospitalizado en estado grave pero había sido dado de alta bajo un tratamiento riguroso, complejo, pero además costoso.

Por esa razón, amigos, ex compañeros de club y dirigentes estaban haciendo campaña para conseguir el dinero que se necesitaba para comprar el medicamento.

Pero ya no pudo más, y se marchó el que es considerado por muchos de los que jugaron con él en los años 70 y parte de los 80, como el mejor cabeceador que ha producido nuestro fútbol. Han sido pocos los que han tenido esa habilidad para meter cualquier balón a las redes, teniendo como única “arma” la cabeza para dirigir la pelota a su antojo.

Según el presidente actual del América, Eliécer Trillos, Fletes integró el América del 74 al 79 para luego marcharse al Deportivo Sandak, con el que ganó un torneo de Copa y un Campeonato Nacional.

Retornó al América en 1980, cuando estaba en Segunda, volvieron a ser campeones y regresaron al primer nivel para ganar tres campeonatos y varios subcampeonatos.

Además sobresalió como seleccionado en El Salvador en 1976, en Cuba (1982) para los Juegos Centroamericanos y del Caribe, y Guatemala en los juegos CA del 86.

Además trabajó como entrenador en las inferiores del extinto Parmalat, logrando un título en la categoría Sub-19.

Para darle el último adiós, invitan su madre, Rosa Acevedo, su esposa, Lilliam Villalta y su hija Katherine Fletes y resto de familiares, al entierro que saldrá a las 3:00 pm de la Clínica Don Bosco una cuadra abajo y media al sur.