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¿Podrán los Ángeles evitar amanecer a la orilla de la fosa frente al impulso de los Yanquis? Para que eso sea posible se necesita buen pitcheo del ganador de 16 juegos Jered Weaver, y, fundamentalmente, que los gruesos cañones hasta hoy adormecidos, reaccionen y truenen.

Bobby Abreu, de 9-0, no ha podido mover la hoja de un árbol, en tanto el cuarto leño, Vladimir Guerrero, de 11-2, dejó a 8 hombres circulando en las bases, ponchándose con casa llena en el séptimo, y fallando con dos a bordo en el inicio del inning 13, dominado por David Robertson.

El lead-off Chone Figgins ha conectado un hit en siete turnos, en tanto, Kendry Morales está de 8-1, mansamente anulado por el pitcheo yanqui. Así que, aunque antes de esta serie los Ángeles muestren una ventaja de 73-63 en los duelos particulares de los Yanquis, y hayan sido sus verdugos en 2002 y 2005, lo que está ocurriendo ahora, los obliga a ganar hoy para mantener latiendo sus posibilidades.

Los de California, que apenas batean para .154 en los dos primeros juegos, jugando irregularmente a la defensiva y reducidos a cuatro carreras en 22 entradas, enfrentan al veterano zurdo Andy Pettite, que busca su triunfo 16 en postemporada, superando a John Smoltz.

“En casa todo será diferente” ha dicho el manager Scioscia, recordando la barrida de tres que aplicaron los Ángeles en el mes de julio, pero la situación actual, terriblemente presionante para los de California, puede afectarlos frente a la confianza exuberante mostrada por los Yanquis aún en momentos difíciles.

Pese a que Mark Teixeira ha sido limitado a un hit en diez turnos, la extensión del resurgimiento en postemporada de Alex Rodríguez, la incidencia de Jeter y el funcionamiento de la parte de atrás del line-up, hace ver a los Yanquis lo suficientemente grandes para evitar que los Ángeles hagan girar la serie.