El País
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Hay derrotas que por más sorprendentes que parezcan se ven venir, de alguna manera se anuncian y al final acaban por caer el día menos pensado. No jugó bien el Barça contra el Almería, lo había pasado mal con el Dinamo Kiev y pudo perder en Valencia.

Le alcanzó con ejercicios esforzados para salvar el marcador y ganar tiempo, convencido de que el suyo era un mal pasajero, propio de los mejores artistas. Ayer jugó con la misma tenacidad de encuentros anteriores y también con la misma incomodidad y desagrado, muy desafinado. La diferencia estuvo en el resultado 2-1 en su contra.

El esfuerzo no le evitó una dolorosa derrota ante al Rubin Kazán que complica su clasificación en la Liga de Campeones.

No está en forma el Barça y sus mejores futbolistas han perdido la finura. A Xavi, Iniesta y Messi se les ha apagado la luz al mismo tiempo y el equipo se ha quedado ciego.

Hasta la fortuna le ha abandonado cuando más la necesitaba. Ayer tomó un gol nada más comenzar y los palos devolvieron dos remates de Ibrahimovic y Touré después de un arbitraje maquiavélico que favoreció el fútbol físico del equipo ruso. El juego sencillo y directo del Rubin Kazán triunfó ante el barroquismo del Barça. Un mal trago para los azulgranas porque la diferencia entre ganar y perder era abismal no sólo a efectos de la clasificación sino también por una cuestión terapéutica. Aumenta la intranquilidad en un Barcelona al que se le pide tanto, por bueno y por campeón contrastado, que difícilmente se le perdonará una.