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Inesperadamente, nuestras ilusiones fueron destrozadas implacablemente. Con permiso de Dickens, fue como pasar súbitamente del mejor de los tiempos, al peor; de la época de la sabiduría a la de bobería; de la fe a la incredulidad; de la luz a las tinieblas.

¡Diablos, nadie puede pitchear bien por siempre!, ni Walter Johnson, ni Sandy Koufax, ni Bob Gibson, y por supuesto, tampoco Vicente Padilla, invencible como un Dodgers desde el 27 de agosto, cuando aterrizó en Los Ángeles envuelto en un signo de interrogación, aprovechando la imperiosa necesidad de fortalecer su rotación, que tenían los líderes del Oeste en la Liga Nacional, presionados por los Rockies.

Cayeron los Dodgers 10x4, siendo borrados de la postemporada por estos Filis encendidos, en un partido que vio naufragar a Vicente Padilla después de sus impactantes actuaciones previas, permitiendo sólo una carrera en 14 entradas y un tercio.

El pitcheo pinolero tenía poder, pero no el suficiente control ni el necesario misterio para los bateadores de Filadelfia, que le robaron brillantez y crecimiento desde muy temprano con el jonrón de tres carreras conectado por Jason Werth en el primero, otro vuelacerca solitario de Pedro Feliz en el segundo, y finalmente cohete de Werth y doble impulsador de Ibáñez en el cuarto sin out, después de una falsa señal de enderezamiento en el tercero, eliminando a Victorino, Utley y Howard en fila.

Emocionalmente nos sentimos expulsados del paraíso, “mordidos” por serpientes, pero el béisbol es así de imprevisible para los lanzadores, sometidos a constantes contrastes, exponiendo a los más bravos a masticar las fresas de la amargura. Todos queríamos ser testigos de algo consagratorio por parte del pinolero, pero no pudo ser, y no por eso será subvalorado en la importancia de su resurgimiento.

Los Dodgers le proporcionaron ventaja en el propio arranque con el jonrón sin embasados de André Ethier, golpeando al abridor zurdo Cole Hamels, y cuando vimos a Vicente sacar los dos primeros outs, sometiendo a Rollins y Victorino, frotamos las manos, se nos iluminaron los ojos y sentimos cómo nuestros corazones comenzaban a hincharse. Ahí estaba el realismo mágico que el “pistolero” pinolero nos había hecho vivir.

Sin embargo, alguien desconectó su brazo derecho de la inspiración, y con dos bases por bolas consecutivas a Utley y Howard, se vio forzado a buscar control con el peligroso Werth. El jonrón a las tribunas derechas golpeó nuestras ilusiones, reactivadas por el jonrón de Loney en el segundo estrechando la diferencia 3x2; pero escrito estaba que sería una noche de gatos negros para Vicente, y el jonrón de Pedro Feliz aumentó la diferencia 4x2, antes del hit de Werth y doble productor de Ibáñez para el 5x2, con un agregado facilitado por golpes de los relevistas Troncoso y Sherrill a Rollins y Victorino, moviendo a 6x2 la pizarra.

Los Dodgers no lograron salir del hoyo. Filadelfia, con una gruesa ofensiva que incluyó jonrón de Shane Victorino, se extendió hasta diez carreras, neutralizando el vuelacercas de Orlando Hudson en el quinto, y hoy amaneció vendiendo boletos para la serie mundial, mientras se realizaba el funeral de los Dodgers.


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