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En las puertas del cementerio, los Ángeles de Anaheim se ven tan inutilizados como Robespierre caminando hacia el cadalso. ¿Podrá John Lackey evitar la cuchilla de la guillotina? Pocos lo creen, pero su timonel, Mike Scioscia, permanentemente optimista, piensa que su estelar derecho, averiado en el primer juego de esta serie, responderá a la exigencia del momento “socando”, y los hará regresar a Nueva York.

No es un reto a lo imposible, pero sí una misión terriblemente difícil frente a estos Yanquis casi invencibles, con balance de 6-1 en la postemporada después de barrer a los Gemelos 3-0 y colocarse delante de Anaheim 3-1, haciendo desaparecer aquel dominio mortificante.

Con Alex Rodríguez atravesando por su postemporada más explosiva, Derek Jeter funcionando como bujía, el bateo de atrás provocando ruido y haciendo daño, la defensa fabricando simplificaciones como en álgebra superior, el pitcheo abridor fortalecido con el respaldo garantizado, y un bullpen apuntalado por ese veterano de inagotable efectividad como es Mariano Rivera, los Yanquis no parecen haberse enterado que Mark Teixeira no ha tronado, aunque sí contribuido con su gestión defensiva, poco común para un inicialista.

A.J. Burnett no ha sido un factor de seguridad, pero con ese acompañamiento podría cantar victoria en Radio City o en Music Hall, en tanto Lackey, que se perdió una buena parte de la temporada superando una lesión, no ha vuelto a ser el mismo, y eso impide entrar en consideraciones aproximadas a la certeza sobre sus posibilidades.

Con esa ventaja 3-1 en la serie, estos relucientes Yanquis modelo 2009 han convertido su favoritismo previo en aplastante, y aunque perder hoy no alteraría su sistema nervioso, se observa el interés por no regresar a Nueva York con cuentas pendientes, y terminarlo todo hoy. Así que, armados hasta los dientes, saldrán a matar las debilitadas esperanzas de los Ángeles.