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AS Deportes

El viejo y decadente Milan se presentó en el Bernabéu para sonrojar a un pésimo Real Madrid, que quiso ganar jugando al trote, casi andando, y terminó derrotado y sin argumentos que inviten al optimismo, más allá de la calidad de sus jugadores. Se salvó, una vez más, Raúl y Drenthe fue la apuesta desesperada de Pellegrini. Pirlo y Pato, que hizo doblete, firmaron los tantos del Milan. Pésima actuación del árbitro De Bleckeere, que no señaló un clarísimo penalti a Benzema y anuló, sólo él sabe por qué, un gol al Milan.

A las cualidades que ya le conocíamos al Real Madrid hay que añadirle una más, su capacidad para resucitar a los muertos. Porque eso es el Milan, un fantasma que vino del pasado para sonrojar a un pésimo Madrid, que mostró su imagen más desagradable. Fue un equipo sin continuidad en el juego, al que le faltó concentración, ritmo, intensidad en sus acciones y que acabó derrotado y sonrojado por un conjunto inferior, que en condiciones normales tendría que haber pactado una derrota digna. La ausencia de Cristiano no debería servir de excusa. Mal haría el Madrid en agarrarse a la baja del portugués para justificar sus errores.

Tuvo que salir desde el banquillo Drenthe, otro resucitado, para intentar rescatar al Madrid de una muerte segura, para meter una velocidad más al juego y transmitir a sus compañeros una tensión que nunca tuvieron. Salvo a Raúl, el único que pareció interesado en ganar el partido desde el primer minuto. Porque el Madrid fue Raúl y después la nada, un páramo. Hasta falló Casillas en los dos primeros goles y no queda como excusa el penalti cometido sobre Benzema, error compensado por el gol mal anulado a Thiago Silva.

El Real Madrid disimulaba con victorias sus problemas con el juego, problemas cada vez más graves, pero esta vez el equipo deberá afrontar las críticas sin ese escudo. Esta vez no tuvo ni juego ni pegada. Nada que rescatar. El Milan es el pasado, glorioso, pero pasado, que parece un equipo de veteranos. Presenta una figura tan decadente como la de Ronaldinho, pero hasta ese Ronaldinho fue capaz de sacar los colores al Madrid.

El equipo italiano trajo a Madrid su versión más ofensiva y salió de inicio con la misma alineación que remontó el pasado domingo en San Siro el partido contra la Roma. Cuatro defensas, con Nesta como líder; Pirlo, Ambrosini y Seedorf en el centro del campo; Pato abierto en la banda derecha, Ronaldinho en la izquierda e Inzaghi como única referencia en ataque. Leonardo decidió conceder espacios a un equipo, como el Madrid, que tiene dificultades para creárselos, pero que cuando los tiene debería saber disfrutarlos. Lo que parecía una táctica suicida del Milan no lo fue por la incapacidad del Madrid para aprovecharse de ella. Las bandas no existieron hasta la salida de Drenthe, así está el panorama, y Kaká se perdió en un centro del campo que no creó nada. Aportación mediocre del brasileño.