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Funeral pospuesto, o quizá resurrección. Ganaron los Filis 8x6 mostrando a ratos una superioridad casi aplastante sobre los Yanquis, que más adelante se fue diluyendo. Dos jonrones de Chase Utley --abrazándose con Reggie Jackson--, y otro gran trabajo monticular de ese domador de fieras que es Cliff Lee durante siete entradas, fueron las claves para evitar lo que hubiera sido una barrida tan imprevisible en Filadelfia, como la pérdida de la campana.

Estando contra las cuerdas con la soga al cuello, garantizar un mañana se convierte en proeza, porque si mueres, el esfuerzo no trasciende. “Sólo queda la victoria”, decía Alejandro, y el zurdo Lee, con el apoyo de Utley, mantuvo con vida a los Filis, haciendo regresar a Nueva York la Serie Mundial. Eso sí, la mejor noticia para los Yanquis, que heridos batallaron por no ser atropellados y lo lograron marcando tres carreras en el octavo, es que no volverán a ver a Lee, a menos que como Randy Johnson en 2001, pueda realizar un relevo matador si hay un séptimo juego.

Viendo a los Yanquis adelantarse con hit de Damon y doble impulsador de Alex mientras terminaban de encenderse las luces, la multitud se preocupó por Lee, sin embargo, el jonrón de tres carreras conectado por Utley en el cierre comenzó a derretir el brazo derecho de Burnett, y fue al mismo tiempo una inyección revitalizante para Lee.

Otro operativo de tres carreras en el inicio del tercero expulsó a Burnett, mientras Lee manejaba tres entradas consecutivas sin hit, hasta que en el quinto, los Yanquis lograron su segunda carrera impulsada por un roletazo de Damon que aturdió a Howard, quien no supo qué hacer, y anotaba Eric Hinske. El segundo jonrón de Utley en el juego, su quinto de la serie, igual que Reggie Jackson en 1977, y otro de Raúl Ibáñez, también contra Phil Coke, ampliaron la ventaja 8x2.

Pero los Yanquis son duros de masticar. En el octavo aprovecharon el desgaste de Lee para hacerle swing a algunas pitcheadas que no bajaron, y con un doble remolcador de dos carreras de Alex Rodríguez y elevado de Cano se acercaron sigilosamente 8x5. Sin Lee en la colina los Yanquis sólo hicieron otra carrera en el noveno por doble de Posada, quien anotó después de un hit de Matsui con el roletazo para doble play de Jeter. El ponche de Ryan Madson a Teixeira, con Damon circulando y el público elevando sus plegarias al cielo, terminó con el suspenso.

¡Ahora cuidado! Los Yanquis han sido históricamente grandiosos, pero también han sufrido las más grandes frustraciones. No, no voy a hablar de la Serie Mundial de 1955 con Johnny Podres blanqueándolos en el juego de “no hay más allá”, Jackie Robinson robándose el plato en el propio inicio del Clásico, y Duke Snider disparando dos jonrones para ganar el juego cinco; tampoco voy a referirme al jonrón de Mazeroski en 1960; hablo de la forma en que Boston les arrebató una serie por el banderín de liga después de tomar ventaja con tres triunfos seguidos; de la derrota frente a los Cascabeles en Serie Mundial estrangulados por Schilling y Johnson; de sus eliminaciones consecutivas en postemporadas con grandes equipos.

Todavía hay mucho que discutir y especular.

dplay@ibw.com.ni