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Un Real Madrid galvanizado, presionante, imponiendo su presencia, no logró vencer a este Milán que lucha contra el envejecimiento y se defiende con lo que todavía queda de jugadores como Ronaldinho, Seedorf, Dida y Pipo Inzaghi, respetables veteranos de mil batallas, que se mantienen en pie de lucha.

El Madrid de inicio volátil, con Kaká tomando todas las pelotas posibles y manejando espacios, Benzema e Higuaín penetrando constantemente en la zona roja, Xavi Alonso y Lass interceptando y construyendo, con mucha agilidad por los costados y excelente capacidad de recuperación, pudo desequilibrar el juego muy temprano, pero su cañoneo fue inútil, hasta que en el minuto 29, Kaká disparó a la izquierda de Dida, quien desvió la pelota justamente hacia Benzema, que entraba por la derecha, apretó el gatillo y sacudió las redes para el 1-0.

Ronaldinho igualó a los 34 cobrando un penal inventado a Pepe. Fue por mano involuntaria durante la progresión de una acción friccionada, pero más adelante, siempre en el primer tiempo, le anularon un gol legítimo a Pato. El joven atacante brasileño recibió una pelota larga desde la izquierda por arriba, le ganó en el salto y el control a Arbeloa, y anticipándose de inmediato al cierre de Albiol, con perfecto zapatazo de derecha, perforó a Casillas. ¿Por qué se anuló ese gol? Nadie lo sabe.

La falla arbitral funcionó como una compensación al penal. Cuando le preguntaron al resucitado Pellegrini si fue gol o estuvo bien anulado, dijo: esa respuesta le pertenece al árbitro.

No era justo que ganara el Milan, pese al esfuerzo desplegado, porque los mayores méritos, sobre todo en un primer tiempo de impresionante agilidad, fueron colocados sobre la grama del San Siro por el Madrid. El 1-1 frunce ceños, pero el juego del Real, fue estimulante.