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Frenesí grandioso y delirante en Nueva York como en el amanecer de un año nuevo. Ganaron los Yanquis 7x3 y regresaron ruidosamente al trono. El bateo de Hideki Matsui, tan preciso y dañino como los zarpazos de un tigre embravecido, mató a los Filis. Con jonrón después de boleto a Rodríguez, hit con bases llenas, y doblete estando dos a bordo, el japonés de mirada siniestra y swing sigilosamente destructivo, impulsó seis carreras, lo cual fue una carga demasiado pesada hasta para una tropa tan valiente, competente y con suficientes individualidades descollantes, como la de Charlie Manuel, que intentaba defender el cetro de Serie Mundial.

Misión improbable frente a estos Yanquis construidos con una inversión sin precedentes, buscando cómo cortar la racha de frustraciones en postemporadas, iniciada con el batazo de Luis González contra Mariano Rivera en 2001, que coronó a los Cascabeles de Arizona.

Pedro Martínez intentó batallar enviando su corazón en cada lanzamiento, pero esta vez no funcionaron “sus trucos” y no tuvo tiempo para encarrilarse. Su ilusión fue agujereada por Matsui, quien le jonroneó en el segundo inning remolcando dos, y le disparó un cohete con bases llenas, para otras dos carreras. Un hombre que en el juego dos demostró que no sólo existes cuando ganas, salió después de cuatro entradas y 77 disparos, permitiendo cuatro limpias.

Encendidos, los Yanquis continuaron su arremetida atacando a los relevistas Chad Durbin y J.A. Happ en el quinto. Doble de Jeter, sacrificio, hit productor de Teixeira, pasaporte a Rodríguez y doble limpia bases de Matsui, aumentaron la diferencia 7x1, colocando a los Filis contra las cuerdas, jadeando difícilmente.

Algo de oxígeno proporcionó el despertar de Ryan Howard en el sexto, con un jonrón de dos carreras contra el zurdo Pettitte, quien trabajando con tres días de descanso logró sostenerse durante los primeros cinco innings, limitando a los Filis a sólo una anotación conseguida por triple de Carlos Ruiz y fly de sacrificio de Rollins en el tercero.

Con el marcador 7x3, el temible Chase Utley tomó turno en el séptimo frente al relevista Dámaso Marte con dos circulando. Después de batear para doble play y poncharse ante Pettitte, Utley, boleado en el sexto, tenía la gran oportunidad de reactivar el suspenso con un batazo, pero el zurdo dominicano lo ponchó obligándolo a un swing falso. Ahí, en ese momento, los Filis murieron. Todos los televisores se apagaron en Filadelfia.

Marte todavía tuvo aliento para ponchar a Howard en el octavo, antes de entregarle la píldora a ese incansable e implacable rematador que es Mariano Rivera, quien como Manolete, volvió a cortar orejas y rabo, asegurando el banderín.

Después de ocho años de frustraciones de todo tamaño, los Yanquis están de regreso al trono. Ciertamente, no hay nada que discutir sobre su superioridad. Ningún adversario los llevó al límite.

dplay@ibw.com.ni