Edgard Tijerino
  •  |
  •  |
  • END

Cuando nos hablan de la Serie Mundial de 1960, en forma vertiginosa y certera se nos viene a la mente el jonrón de Bill Mazeroski contra Ralph Terry, que dejó tendidos a los Yanquis en el cierre de aquel dramático noveno inning, convirtiendo a los impresionantemente batalladores e inclaudicables Piratas en ganadores de la Serie Mundial.

Siempre he escuchado que el jonrón más impactante de todos los tiempos, el que estremeció con más brusquedad el planeta béisbol, fue el de Bobby Thompson contra Ralph Branca, que sepultó a los Dodgers en la serie extra por el banderín de la Liga Nacional en 1951, empujando a los Gigantes hacia la Serie Mundial. Para mí, es el de Mazeroski.

Pocos se acuerdan de Bobby Richardson, el pequeño intermedista yanqui de 25 años, 5 pies 9 pulgadas y 170 libras, colocado en los primeros juegos de esa Serie Mundial de 1960 como octavo bate. Hasta hoy, Richardson es el único caso de un jugador que perteneciendo al equipo perdedor de un clásico ha obtenido el título de Más Valioso.

Chase Utley estuvo cerca, pero necesitaba un jonrón más y no ser inutilizado en el sexto juego. Si hace 32 años Reggie Jackson conectó cinco jonrones estableciendo una de las marcas resplandecientes en series mundiales, ¿cuánto tiempo hubiésemos tenido que esperar por la aparición de otro bateador capaz de disparar seis cuadrangulares? Eso no ocurrió y Utley tuvo que conformarse abrazando a Reggie.

¿Merecía Matsui ser el Más Valioso con sólo un juego impactante, o la escogencia apropiada era Mariano Rivera con sus cuatro cierres de juego incluyendo dos salvamentos, sin permitir carrera? Uno piensa que Rivera, pero el debate está abierto.

Lo de Richardson en 1960 fue fantástico: disparó 11 hits en 30 turnos, con dos dobles, dos triples, un jonrón y remolcó 12 carreras, cifras que permanece inalterable como un reto a las nuevas generaciones de artilleros. Consideren que las 11 impulsadas de Mickey Mantle en esa misma Serie sigue siendo la segunda más grande marca de la historia.

Un jonrón de Utley en su último turno al bate con dos a bordo contra Dámaso Marte hubiera sido su sexto, elevando a 11 el total de empujadas. Más que Reggie en vuelacercas y empatado con Mantle en remolques, ¡wow!, ¿por qué no Más Valioso con un equipo perdedor como Richardson hace 49 años?

Puede que Utley necesitara un séptimo juego. En 1960, Richardson impulsó sus 12 carreras en los primeros seis duelos, conectando sus hits 10 y 11 en el último, pero sin poder producir. Bill Skowron, con 12 hits, consiguió la cifra máxima, por 10 de Mantle y 10 de Tony Kubek, mientras entre los Piratas, el formidable Roberto Clemente, tronando en cada uno de los siete juegos, disparó nueve.

Es muy difícil proyectarse desde un equipo perdedor a la conquista del reconocimiento como Más Valioso de una Serie Mundial, sin embargo, Utley nos envió algunas señales que obligaron a reactivar el caso único hasta hoy, el de Bobby Richardson.

dplay@ibw.com.ni