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Ahí, en el Centro de Convenciones del Crowne Plaza, en uno de sus salones, el más amplio, se está realizando y concluye hoy, un torneo Mundial Juvenil de Billar. No me pregunten sobre “la geometría del juego” en lo referente a la especialidad de “bola nueve”, porque sé muy poco o casi nada sobre eso, pero no puedo evitar impresionarme por el hecho consumándose, y tampoco puedo escapar al asombro: ¿Un mundial aquí, en este terruño tan averiado, con competidores llegados desde Japón, Nueva Zelanda, Inglaterra, Canadá, Estados Unidos, Rusia, Taiwán, Austria, Alemania, Bélgica y otros lados? ¡Diablos! ¿Cómo fue posible eso?.

Carlos Rivera, quien seguramente se encuentra en el ranking de los soñadores atrevidos, que creen en una nueva victoria de David contra Goliat, es “el ombligo” del proyecto de lo improbable. ¿Qué locura intentarlo, y qué estimulante es haberlo concretado contra viento y marea?

“Se me ocurrió durante el Mundial de Australia en la misma categoría, cuando vi la sencillez del montaje de algo tan grande, y me dije claro que podemos atrevernos, y lo hemos hecho”.

“Naturalmente es la tarea de un equipo muy funcional, encabezado por el Coronel retirado Rodolfo Castillo, con el consistente respaldo del General Calderón Vindel, el Comisionado Carlos Palacios, el diputado Edwin Castro, y mi esposa Aura Ivonne Silva, quien carga con un fuerte trabajo. Yo traje la inquietud, hice la propuesta, presenté los soportes, sometí a discusión si era viable, y aquí está el resultado. Una organización hasta hoy sin fallas”.

-¿Cuál es el costo de este evento?

“Aproximadamente 150 mil dólares, pero con las gestiones realizadas por los miembros del Comité, se lograron reducciones importantes”.

-¿Cuál ha sido la mayor dificultad?

“El manejo del tiempo. Un torneo de estos te exige al máximo, pero hemos cumplido tanto en atención a las delegaciones como en la realización de lo programado. Hay un reconocimiento pleno de los participantes”.

-La mayor ganancia de este esfuerzo.

“La experiencia que se consigue para nuestros prospectos tanto en mujeres como en varones. El enfrentarse a rivales de niveles superiores los hace crecer como se ha visto en algunas partidas. También se sometió a prueba nuestra capacidad de organización. Lo intentamos y lo logramos”.

Ciertamente, en medio de las dificultades imperantes, montar un torneo de este calibre, es sorprendente, y tiene –sin exagerar- ribetes de proeza.