Edgard Tijerino
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A veces los hechos, aunque siempre testarudos, entran en una secuencia que produce imágenes e impresiones diferentes, transformando percepciones que parecían tener una base tan sólida. Después de lo que hemos visto en los últimos combates de Manny Pacquiao, la pregunta ¿qué puede pasar entre este embravecido multicampeón filipino y el astuto, veloz, punzante y hasta hoy invencible Floyd Mayweather?, dejó de tener una respuesta supuestamente precisa, abriendo ahora espacio para encendidos debates.

Confieso, yo estaba entre los creyentes que frente a un peleador tan versátil, desconcertante y agobiante, como lo ha sido Mayweather, el brillante filipino no tenía posibilidad de imponer su estilo, ni hacer valer su golpeo variado y consistente. Veía a Floyd muy próximo a la perfección, con los recursos necesarios para “torear” a Pacquiao, al estilo Manolete o Paquirri.

Ahora, no estoy seguro de eso. La percepción que tengo de ese combate, es diferente. Y no es que descarto a Mayweather como un peleador capaz de sujetar la impetuosidad destructiva de Pacquiao, porque eso sigue siendo algo viable, sino que el grado de dificultad ha crecido mucho para Floyd, y naturalmente, él debe estar claro de eso.

No sabemos qué tan grande es el corazón del norteamericano, porque ningún rival lo ha empujado hacia rincones de mayúscula exigencia, como vimos a Leonard, Durán, Hearns, Argüello, Chávez y De la Hoya, por mencionar algunos. Ésa es una asignatura pendiente para el formidable Mayweather, lo que le inyecta más intriga al probable gran duelo de 2010, que seguramente, superaría las marcas establecidas en taquilla y en pague por ver.

Pacquiao ha sido impactado violentamente, demostrando en cada caso, que puede absorber mucho poder, en tanto Mayweather no ha sido sometido a golpeos afloja cuellos o fragmenta mandíbulas, y el filipino, con esa agresividad sostenida, haciendo llegar golpes desde variados ángulos, combinando su potente y certero recto de derecha con esa izquierda relampagueante, que entra como arponazo, podría meterlo en el callejón de las complicaciones, provocando desajustes en su “engranaje”.

La admirable rapidez de piernas de Mayweather, puede permitirle manejar mejor los espacios en la estrechez del cuadrilátero, pero todo va a depender del trazado de su geometría ofensiva, buscando desequilibrar a Pacquiao, quitándole precisión a sus descargas. ¿Quién más inteligente buscando cómo hacer prevalecer su planteo?, es la clave que más interesa.

Ya no vemos a Mayweather empujando al filipino contra las sogas, volcándose con esas combinaciones de golpes habitualmente sin respuesta frente a otros peleadores, y decidiendo cómo golpear. No, que va. Floyd tendrá que buscar como controlar los frenos inesperados cargados de zarpazos y los escapes de Pacquiao, tarea que no ha realizado y que desgasta físicamente.

Mayweather es un peleador estupendo, no hay duda, ágil, creativo, imprevisible, pero sin experiencia bajo presión, un arte que Pacquiao, de audacia comprobada, domina. El combate debe ser un examen de maestría para los dos, el toro y el torero, alcanzando quizás esos niveles de salvajismo puro que nos proporcionaron Alexis Argüello y Aaron Pryor.

dplay@ibw.com.ni