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Hasta el 21 de febrero de 2007, un martes, Álvaro Arbeloa nunca había pisado el lateral izquierdo. En el Liverpool, Rafa Benítez solía utilizarlo bien como central o bien como lateral derecho. Pero un par de meses antes de aquel martes de febrero, el sorteo de la Liga de Campeones quiso que los reds se enfrentaran al Barcelona en octavos. Benítez y sus obsesiones por las tácticas consideraron que Fabio Aurelio, el lateral izquierdo titular, brasileño más técnico que rápido, no era el hombre más apropiado para frenar a Messi. De ahí que desplazara a Arbeloa a esa banda. Funcionó. Las cifras dicen que el defensa, tan ocupado en su tarea de anular a La Pulga, no centró ni una sola vez al área y el argentino, en cambio, remató tan sólo dos veces (ninguna de ellas a puerta). En la casilla de los regates Messi se encontró con un 6 cuando su media por partido solía ser de 10.

El Liverpool ganó 1-2 en el Camp Nou (y eso que los azulgrana llevaban cuatro años invictos en su estadio en competición europea) y, aún perdiendo en Anfield por 0-1 dos semanas después, eliminó al Barça de Rijkaard y se clasificó para los cuartos de final. Arbeloa viste ahora la camiseta del Madrid. Creció en las categorías inferiores de los blancos pero el del domingo será su primer clásico. Con 26 años recuerda ahora aquella eliminatoria de 2007 más como el éxito de un trabajo de equipo que como un mérito personal suyo. “No creo que haya un jugador en el mundo capaz de parar a Messi. Eso se hace a base de muchas ayudas de compañeros, que él no tenga un buen día, que tú estés muy bien...”, comenta.

El caso es que Pellegrini sí cree en los méritos individuales de Arbeloa y sobre todo en su rigor táctico. El lateral de la selección siempre lo dice: “No soy explosivo como Sergio (Ramos), yo soy más táctico, más de buscar combinaciones, apoyarme y centrar”. Y defender, algo que aún le cuesta y mucho a Marcelo. De ahí que el técnico chileno confíe de nuevo en Arbeloa para intentar taponar a Messi el domingo. ¿Cómo le frenó en aquella doble eliminatoria de 2007? “Intenté que no recibiera la pelota de espaldas, que es cuando más daño hace. Es complicado eso porque al ser diestro recibe siempre por dentro”, explica. ¿Y entonces? “Las cosas salieron bien básicamente porque aquel Liverpool tácticamente era un equipo perfecto”, matiza recordando que en aquella ocasión Benítez tuvo diez días para preparar el partido. “Nos concentramos en Portugal antes de ir al Camp Nou. Benítez lo tenía todo controlado al detalle”, continúa.

Sin embargo, Messi es ahora otro jugador. Más rápido, con más experiencia y con mucho más gol”, analiza. Y tanto. Si en esa temporada (2006-07) el argentino marcó 14 goles en 26 partidos, en la 2008-09, 23 en 31. Y ésta lleva 7 en 10 encuentros. Toda una declaración de intenciones.