Edgard Tijerino
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Nadie es perfecto, ni Miguel Ángel, pese a que moldeó el mármol convirtiéndolo en el David, el Moisés y la Piedad, y pintó el techo de la Capilla Sextina. Tampoco hay equipo perfecto, pero este Barcelona fabrica impactos es una aproximación, es decir, un “casi perfecto”.

Una de las frases de más sabiduría, soltada por el joven y competente estratega del Barcelona, Pep Guardiola, es la siguiente: “Puede ser un poco contradictorio, pero cuanto más quieras atacar, mejor disciplina defensiva debes tener. Lo clave es balancear las líneas”.

Eso grafica de forma casi perfecta, al Barcelona que nos ha estado deslumbrando todo el año, incluyendo tres actuaciones que merecen ser grabadas en la Pirámide de Keops: La infartante y espectacular batalla con el Chelsea, saliendo del hoyo con el gol fantasioso de Iniesta; la goleada escalofriante por 6-2 al Real Madrid, sepultando sus pretensiones de pelear el título en la Liga española; y el juego del domingo, frente al ruidosamente reconstruido Real Madrid, esencialmente ese segundo tiempo, jugado largamente con un hombre menos después del golazo de Ibrahimovic. Aún así, el Barcelona no se vio disminuido.

Guardiola es un fiel creyente del 4-3-3, porque dispone de hombres flexibles, talentosos, improvisadores, capaces de jugar al primer toque con la sincronización de una orquesta, realizar triangulaciones en el fango, y conseguir suficiente profundidad para desequilibrar al enemigo. ¿Qué otro equipo en el planeta es tan armónico y poético como éste Barcelona?

Las victorias comienzan a edificarse en el fondo, como bien apuntaba Guardiola. ¡Cómo ha crecido Piqué ‘jefeando’ esa defensa! Ahora lo vemos del alto de un obelisco, y aunque Rafa Márquez ha firmado una extensión de contrato, con Puyol tan incidente utilizando esa furia para morder y cerrar espacios, Alves apoderándose de la carretera derecha, y Abidal en pie de guerra, tendrá que resignarse a permanecer la mayor parte del tiempo en el banco, detrás del técnico, como lo vimos el domingo en pantalla.

El medio campo, la zona de creación, a ratos es fantástica. Difícil imaginar mejor combinación para rotar, cubrir, sujetar y proyectarse que Xavi Hernández y Andrés Iniesta, con contribuciones como la de Keita, de poco brillo el domingo.

Con Ibra sin problemas físicos, su presencia como temible hombre en punta, teniendo al genial Messi y al todavía hábil y peligroso Henry, desarticulando defensas y facilitándole espacios, es decisiva, superando a Eto’o, sin subestimar al camerunés, ahora con el Inter.

¿En qué otro equipo Pedro y Bojan estarían buscando minutos en duelos cumbres? Hay quienes piensan que los mejores días de Henry, ya pasaron, pero el Barcelona dispone de suficiente material, porque todo gran equipo, usualmente tiene una cantera productiva.

Ya lo hemos dicho, viendo jugar a éste inspirado, relampagueante y mortífero Barcelona, nuestro Rubén diría como en Prosas Profanas: ese equipo es como un aire suave de pausados giros, con el hada Armonía ritmando sus vuelos, dando la impresión de ser un desfile de ensueños y sombras.

Ni más ni menos.

dplay@ibw.com.ni