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Diógenes salió del sepulcro y gritó: ¡Estaba escrito! No había forma de retar al fantasmal, genial y letal Lionel Messi, como ganador del Balón de Oro 2009. El jugador argentino que milita en el Barcelona, dueño de una creatividad tan fértil que puede provocar mil variantes con sus movimientos desequilibrantes, mostrando una flexibilidad asombrosa y un sentido tridimensional para captar casi todo lo que lo rodea, consiguió 473 puntos de un máximo de 480, para superar por 240 a Cristiano Ronaldo, estableciendo la más grande diferencia desde que se entrega este galardón.

Sweig diría que Messi es capaz de reducir lo infinito a lo finito, y lo inasequible a lo humanamente real. Y es que ese saber intuitivo, inmenso, incomparable, que exhibe Messi trazando maniobras tan imprevistas como espectaculares en las diferentes canchas, frente a las defensas más mortificantes, grafica al genio.

Cristiano Ronaldo dispone de suficiente destreza y utiliza una fuerza avasalladora vinculada a su rapidez de sprinter, para hacer estragos; Kaká es de fácil maniobra, excelente desmarque y buen gatillo con las dos piernas; Xavi es cerebral, versátil, súper útil para mover una maquinaria; en tanto el incansable Iniesta cuenta con una gama de virtudes que multiplican su peligrosidad minuto a minuto, pero Messi, el chavalo de 22 años, sometido en Barcelona a un paciente tratamiento para desarrollar su crecimiento, se mueve en otra esfera, en la que estuvieron Maradona y Pelé.

La historia de Messi a su edad es corta en tiempo pero exuberante en hazañas. Tiene cinco años de haber debutado con el Barcelona y ha ganado dos Copas de Europa y tres campeonatos de Liga en España; es uno de los conquistadores del triplete, y con Argentina fue ganador del oro olímpico en Beijing y campeón del mundo Sub 20; agreguen que ha logrado goles comparables con los de Diego, uno estilo “mano de Dios”, y otro con un zigzagueo tan fantasioso como el realizado por su ídolo en ese mismo juego, frente a Inglaterra en la Copa de 1986.

Raramente, a diferencia de Pelé y Maradona, que crecían inmensamente jugando para las selecciones de sus países, Messi con Argentina se ha visto desconectado, sin poder brillar. Pero ese punto neurálgico no incide a la hora de valorarlo como un fenómeno, un jugador que puede maniobrar con fluidez atravesando un campo minado con el balón atado a sus botines, y que cuando la presión aprieta cuellos y afloja piernas, aparece resolviendo.

Dice Guardiola que Messi es más rápido avanzando con la pelota que sin ella. Cuando él toma el balón, de inmediato una carga eléctrica recorre las tribunas, con la multitud lista para presenciar cualquier genialidad. Ese pase a Iniesta, en el último grito del drama, para matar al Chelsea, y ese cabezazo contorsionándose hacia atrás, paralizando a dos defensas del Manchester en la final de la Champions, muestran parte de su inagotable repertorio.

Su maravilloso fútbol, su inspiración de artista, su incidencia, su coraje, su disposición, hacen de Messi un genio que no se discute, sino que se disfruta cada vez que entra en acción.

dplay@ibw.com.ni