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Vuelo atrasado y regresé de México, cuando ya la noche viajaba en carreta nagua rumbo al llanto de la luna. ¿Y qué me encuentro al activar el televisor llegando a casa?. El juego Lakers-Heat en Los Ángeles, con la guerra sin cuartel Kobe-Wade en el rectángulo humeante, el marcador 104-100 a favor del equipo de Miami, y la multitud en el Staples Center metida en un embudo, amordazada, con sólo 11 segundos pendientes.

¡Cómo me iba a perder ese cierre! Ver caer a los Lakers en casa es una rareza, y estaba a punto de ocurrir. Pero, ¡qué tanto se pueden alargar 11 segundos en baloncesto!. A veces, eso parece un mundo, como el viernes. Tanto que el final de juego fue 108-107, con los Lakers robándose el botín con ese triple espectacular de Bryant en el último segundo, “matando” a lo Jordan, frustrando al Heat, sacando de la fosa a los Lakers, enloqueciendo al público.

¡Ah, cuánta emoción provocan cierres como éste!. El baloncesto es el deporte que más altera mi sistema nervioso, quizás tanto como el boxeo. Desde aquel juego que Rusia le quitó a Estados Unidos 51-50 en Munich 72, con canasta de Belov en el último segundo –seguramente el más largo de la historia-, para quedarse con el oro olímpico asombrando al mundo, el baloncesto me ha apasionado.

Con el marcador 104-100 y sólo 11 segundos pendientes, el tiempo en que recorren los 100 metros mujeres en los eventos de pista, uno piensa –pese a estar familiarizado con la extensión del suspenso que facilita el basket- que no queda mucho por discutir. No, no es así. Nunca lo es.

Con el reloj detenido, Pau Gasol acertó dos libres recortando la distancia 104-102, pero de inmediato, Dwayne Wade, el feroz jugador motivación del Heat, es víctima de un faul de Derek Fischer, y cobra efectivamente los dos libres para volver a ampliar la ventaja 106-102, faltando 9 segundos. Ahora el balón está en poder de los Lakers y un triple de Fischer, trazado desde la incomodidad, rasca la espalda del Heat que gana 106-105 con 5 segundos por jugarse.

En la siguiente acción, Kobe se ve forzado a faulear al revitalizado Wade, quien con tres segundos pendientes, sólo tres segundos, falla el primer libre y acierta el otro, estableciendo cifras de 107-105 en la pizarra, con la pelota regresando a los Lakers y Phil Jackson dando instrucciones.

Hay dos hombres sobre Kobe, uno de ellos, Wade, por supuesto, con sus dientes rechinando, porque la guerra particular no tiene pausa. Con 2.3 segundos aullando, la pelota va hacia Kobe que se mueve a la izquierda en la zona de francotiradores. ¡Cómo hizo para continuar su desplazamiento hacia el centro, resortear y disparar contra el tablero sintiendo los mordiscos!. Nadie lo sabe, pero el balón entró, la pizarra giró brusca y dramáticamente, y el Heat murió 108-107.

¡Qué final amigos, con Kobe “matando” a lo Jordan, y los Lakers resurgiendo!