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Hasta el Almería es capaz de desquiciar al Madrid y a Cristiano. Mal asunto para un equipo que vive tan convulso que desaprovecha una hora de máxima plenitud, se enreda de repente y acaba por recurrir a la heroica de forma tan vehemente que su primer galáctico termina siendo víctima de un exceso de egocentrismo. El desboque de CR rescató al Madrid de un apuro considerable, pero retrató lo peor del portugués, merecedor de tantos elogios como reproches en una misma noche. Así es este Madrid de tanto claroscuro a pesar de su victoria 4-2 sobre el Almería gracias a dos anotaciones de última hora de Cristiano Ronaldo.

El equipo arrancó como un trueno. Se desplegó con un frenesí extraordinario, a una velocidad imposible para la primeriza cadencia del Almería, que sin marcajes al hombre como en el Camp Nou no tuvo hueso durante una hora. Durante ese tiempo, lo que tardó en mirar al frente, el equipo de Hugo Sánchez no fue otra cosa que Diego Alves, un portero a destajo en Chamartín. Sólo él evitó lo que presagiaba el vigorizante ejercicio del Madrid, que se ensañó hasta lo estremecedor con el meritorio portero brasileño. Al contrario que en jornadas precedentes, la mayoría de los ataques locales tuvieron un punto final ante Alves. Ese es uno de los contagios que provoca Cristiano, cuyos arabescos no delatan a un futbolista siempre directo, siempre de reojo ante el gol, esté donde esté. Luego llegaron los momentos CR. Tan incrédulo como el resto de sus compañeros, la estrella no podía permitirse un estropicio semejante en su reaparición en el Bernabéu. Sus recursos son variopintos. Al borde del precipicio, hizo un guiño al árbitro, un novato en Primera, y éste picó en una gran intervención de Alves, que arañó la pelota de los pies del portugués. El penalti era su portada. Falló y, pese a que le redimió Benzema, que aprovechó el rechace del épico Alves, CR no festejó el gol. Consumido por su error individual se olvidó del éxito colectivo, acción que le delata y demanda un tiempo en el diván. Con tanto apego se desquició de tal forma que ni su acierto en el cuarto tanto le sosegó. No se concede un fallo y el cortocircuito del penalti lo pagó con Ortiz, al que pateó con saña. Será baja en Valencia. En un mismo día, lo mejor y lo peor de CR. Eso sí, evitó otra voltereta de Hugo.

Messi se luce en el triunfo 3-1

El Deportivo renunció a la pelota y se preparó en busca de una contra, de ganar la espalda de Dani Alves con Filipe y Guardado, que empezaron como dos puñales y pronto empezaron a mirar tras ellos, o en recurrir incluso al balón largo y explotar la segunda jugada. Así llegó el gol de Adrián.

El primer gol del Barça nació de un error de Antonio Tomás. Tanto esfuerzo, tantas sombras perseguidas, para luego echarlo todo a perder en un error incomprensible, una displicente acción del jugador cántabro, que se enredó al sacar la pelota sin apenas presión rival y le cedió el embolado a Manuel Pablo. Iniesta, que andaba por allí, se llevó la pelota y Messi marcó desde la frontal.