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Aunque perdió 2-1 en tiempo extra frente al temible y casi invencible Barcelona, hay que quitarse el sombrero, empinarse y ovacionar frenéticamente la bravura de Estudiantes de La Plata. ¡Cómo pelea! No fue David indefenso, sin honda y sin piedras, frente al Goliat del fútbol mundial. Nada de eso, el equipo argentino, con su corazón hinchado y agitando agallas, realizó un estupendo primer tiempo, tomando ventaja 1-0 con el espectacular y fulminante frentazo de Boselli a los 37 minutos.

El poderoso Barcelona levantó su voltaje en el segundo tiempo, pero Estudiantes aguantaba fajándose, echando espuma por la comisura labial, mientras el reloj avanzaba hacia el punto de desesperación. Faltando dos minutos, sólo dos minutos, con el mundo de pie, asombrado por el desenlace imprevisto, Pedro saltó al tapete con su remate de cabeza, enderezando un pase aéreo bombeado de Piqué, espantó al diablo equilibrando la pizarra 1-1, salvó al equipo de Guardiola y envió el partido al alargue.

¿Qué esperar en esos 30 minutos extra con el desgaste haciendo estragos? Fue entonces que Lionel Messi, inadvertido la mayor parte del tiempo, hizo una aparición tan súbita como mortífera en el minuto 110, y con una pechada, empujó a las redes el centro colocado por Danny Alves desde la derecha, sentenciando el partido. En ese momento, la defensa de Estudiantes tenía sus piernas desfallecientes y los pulmones por estallar.

El 2-1 estando contra el reloj no destrozó a los argentinos. En el último instante, ese centro de Verón y el cabezazo de Desábato saltando entre mil angustias, tipo cuchillada, alteró el sistema nervioso de medio mundo, pero salió desviado, con los ojos de Valdés por escapar de sus órbitas.

Qué difícil fue para el Barcelona organizar ofensivas, pese a contar con tan excelente armamento. Henry no funcionaba, Messi estaba desconectado, en tanto Ibra, errático. Sin la presencia de Iniesta, el mediocampo jefeado por Xavi, no encontraba los hilos del partido. Estudiantes, bien cubierto atrás, fue más atrevido. A los 37, Díaz recibió un balón por la izquierda, lo dominó y envió el centro para la penetración relampagueante de Boselli entre Puyol y Abidal. Certero cabezazo que hirió el orgullo azulgrana y dejó sangrando a Valdés.

Sintiéndose en pleno crecimiento, Estudiantes perdió el respeto y no fue a especular. No dio tregua obligando al Barcelona a preocuparse, desajustando su engranaje. La capacidad de agresión de la tropa de Guardiola, intentó recuperar la intensidad que casi siempre consigue, pero tenía problemas para la culminación. Y el tiempo avanzaba, con el joven e impetuoso Jeffrén, reemplazando a Henry.

Una pelota desviada equivocadamente hacia atrás, fue hacia Piqué por arriba dentro del área, y el pase bombeado, lo golpeó Pedro con su cabeza, dejando sin chance al arquero Albil y salvando al Barcelona. Con Jeffrén agitado, el equipo español fue más ordenado y peligroso en sus ofensivas, hasta lograr esa aparición de Messi interceptando el centro de Alves con una pechada, sepultando al bravo Estudiantes y garantizando el sexto cetro de ese grandioso equipo en una campaña fantasiosa.


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