Edgard Tijerino
  •  |
  •  |
  • END

Hijo de un “Halcón” como lo fue Mauricio, y sobrino del huracanado y temerario Pablo Emilio, conocido como “Kid Clay”, quién le propuso una pelea bravísima, casi suicida a Alexis Argüello, ese fuego eriza-pelos que identifica a Carlos “Chocorroncito” Buitrago, es asunto de genes muy bien embotellados.

Peleador de indómita agresividad, con un par de puños pesados, enfocado permanentemente en su capacidad de destrucción y apoyándose en una consistencia que impresiona, éste “Chocorroncito” ha comenzando a mover los resortes del interés popular, tan brusca y apasionantemente, como lo hizo en los años 70 aquel Hermógenes Prado, alto, flaco, elástico y con fuerte golpeo, que parecía tenerlo todo para proyectarse, pero quedó pendiente de “cuajar”, por haber sido precipitado a riesgos.

En las puertas de los 18 años, “Chocorroncito” es un púgil en construcción, dueño de una excelente materia prima, que necesita una buena inversión y un manejo preciso. Nada de empujarlo hacia esos retos por los que atravesó Pradito, haciéndolo pelear consecutivamente con fieras del nivel de Pedroza, Ursúa y Álvarez, como si estuviera atravesando por una fase de maestría boxística.

El mejicano Jiménez, fue en casi todo instante, un rival extremadamente exigente para Buitrago. Incluso, dio la impresión de ser un púgil curtido al no regresar asustado al centro del ring, pese a que en el primer round fue sometido a un intenso bombardeo. El azteca comenzó a acomodarse entre las cuerdas, a conseguir ángulos para disparar, se atrevió a pisar el acelerador y buscar como establecerse, algo que ya estaba haciendo en el tercer asalto, y fue necesario verlo de otra manera, como un fabricante de preocupación.

Sin embargo, independientemente de verse superado en los asaltos siguientes, “Chocorrocito” conseguía dejar constancia de su presencia amenazante, realizando descargas, ensayando combinaciones de golpes, arremetiendo y contragolpeando, advirtiéndole a Jiménez sobre el precio que podría tener cualquier descuido, frente a esa fogosidad raramente sujetada por un rato.

Su padre y su tío, parte de aquella generación inolvidable de peleadores que garantizaban veladas electrizantes sábado tras sábado en el cierre de los años 60 y el inicio de los 70, siempre mostraron como brillante credencial, una fiereza llamativa. Nunca cedían, ni siquiera en los momentos más dramáticos, cuando parecían estar viajando a bordo de un embudo hacia el centro de la tierra.

“Chocorroncito” tiene esa madera con mejor material, necesitando urgentemente de un moldeador que trabaje alrededor de sus estupendas facultades. Como es natural, un atacador incansable y dañino, nunca va a preocuparse por el arte de la defensa, pero obviamente, tendrá que mejorar para volcarse con más confianza y evitar castigo innecesario.

Es fuerte para asimilar y no parece ser propenso a ser cortado fácilmente, y sobre todo, frente a Jiménez, mostró ese carácter de gladiador que no se achica frente a la adversidad, manteniéndose enfocado en el objetivo, más allá de cualquier tipo de desajustes. Eso tiene un inmenso valor.

El futuro está ahí, en su fiereza, poder y valentía. Eso sí, hay que trabajarlo. Toda escultura como el David, necesita su Miguel Ángel.

dplay@ibw.com.ni