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La “era Guardiola”, la del “hexacampeonato”, dejó la primera mancha en un expediente hasta ahora impoluto y maravilloso. El Sevilla confirmó la sorpresa e hizo valer el resultado de la ida en un Sánchez Pizjuán en el que sufrió lo indecible en el segundo tiempo ante un gran Barça que lo intentó todo, esta vez sin política de rotaciones y prácticamente con el equipo de gala y aunque ganó 1-0 no le bastó para seguir avanzando en la Copa del Rey. Se quedó en el camino.

El Barcelona jugó con todo lo que tiene menos Valdés. Olvidó las rotaciones, olvidó a Chygrynskiy, Milito, Márquez, Thiago... el equipo era casi de final porque el partido era casi una final. El Sevilla por su parte renunció a Capel y se puso en manos de su sistema defensivo y de Navas. Y durante el primer tiempo fue suficiente.

Con energía física, el equipo de Jiménez discutió el balón a un Barcelona que no encontró espacios. Navas se agigantó y creó peligro, casi siempre con Negredo como objetivo y con la lluvia como aliada a la hora de hacer espeso e impreciso al rival.

En ese primer tiempo pudo adelantarse el Sevilla pero también pudo marcar Ibrahimovic, que remató mal ante Palop. Pero apenas aparecieron Xavi o Messi. Esa era la buena noticia en el Pizjuán. La mala, que el equipo local llegó al descanso entre síntomas de cierto agotamiento.

Primero el Barça se hizo superior a los puntos, luego dominó completamente el partido, sometió al Sevilla y se fue a por la eliminatoria. Palop se agigantó, Ibra falló, Iniesta se dejó el balón atrás a bocajarro... el Sevilla boqueaba en su campo cuando Xavi colocó el balón en la red con suavidad desde la frontal para el 1-0. Quedaba casi media hora y parecía demasiado para un Sevilla magullado, encerrado y por momentos histérico pero resistieron hasta el último instante con gran tenacidad.