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Arrancó la Serie Final y se escapó León imponiéndose 3-1, obligando a que todo Granada apagara las luces a las 9 de la noche. Y todavía al amanecer de hoy, nadie había salido a la calle.

Buen pitcheo de Melvin Cuevas, pero ¡cómo le pegó a la pelota Agustín Séptimo anoche!. Golpeó a los Tiburones con sus dos jonrones por diferentes rincones, y casi facilita una tercera carrera con su cuchillada del sexto inning más al centro, oportunidad malograda por el mal corring de Edgard López. En cada uno de sus swings matadores en el primero y cuarto episodios, Séptimo --bateador de tres vuela-cercas en 176 turnos-- mostró una sencillez escalofriante.

Sobre esos dos jonrones, agregando el de Juan Carlos Urbina, los Leones --que al igual que los otros tres equipos nunca lograron disparar tres cuadrangulares en un juego durante la campaña--, fabricaron una resonante victoria por 3-1 en el primer duelo de esta final, apoyándose también en el buen trabajo monticular del derecho Gonzalo López, quien logró apretar tuercas en dos momentos de mayúscula dificultad, antes de ser ayudado por un doble play en el séptimo. En ese instante se deshilacharon las esperanzas de los Tiburones, estimuladas por el doble impulsador de Loáisiga y la presencia de hombres en primera y tercera con sólo un out y las tribunas agitadas.

Un juego atractivo porque lo intrigante sobrevivió hasta el último instante; porque se vio buen pitcheo en las dos colinas con Gonzalo fajándose con Melvin Cuevas; porque el bateo de poder de los Leones hizo su aparición con tres arponazos, todos con las bases limpias y porque la ofensiva del Granada fue sumergida dramáticamente en cuatro momentos claves, dejando ocho corredores en las bases, ahogada por dos doble plays.

En el octavo, con el marcador 3-1 y el futuro del juego pendiente de su swing después del error de Dwight Britton, que forzó la salida de Gonzalo, el veterano Danilo Sotelo, un bateador acostumbrado a absorber la presión y crecer, bateó para doble play con la casa llena, haciendo que un silencio sepulcral cobijara todo Granada.

Quien estaba envuelto en una incógnita era Gonzalo (1.3 y 3.65), no Cuevas (6-4 y 2.63 y 57 ponches), pero un Séptimo enfurecido, armado con un bate protestado ruidosamente, salió detrás de las cortinas como el Fantasma de la Opera, y atacó con precisión adelantando a los Leones 2-0, mientras los Tiburones veían hundirse a Justo Rivas y Marlon Abea en el primer inning con hombres en las esquinas, y luego, no podían empujar a Domingo Álvarez desde tercera con Garay y Jimmy en turno, fracasando también en el séptimo y octavo episodios con cinco hombres circulando. Asi que, la culpa de la derrota, la tuvo la falta de bateo oportuno, consecuencia del sereno trabajo frente a problemas ejecutado por Gonzalo López, un muchacho que se suponía, debería haber llegado a las mayores no estar lanzando aquí.

Es apenas el primer rugido, pero tiene un gran significado en casa ajena, mostrando una afilada dentadura y un deseo quizás difícil de controlar. Hoy en León, los Tiburones heridos, tratarán de salirse de la lata.


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