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Diego Sandino, valiente, astuto y controlado, estaba tratando de garantizar una apretada victoria por 2-1 manejando a los Leones con un pitcheo cerebral, cuando de pronto fue traicionado por dos errores, y la posibilidad que la final se equilibrara se derrumbó estrepitosamente con el doble impulsador de Dwight Britton.

Ganó León 3-2 y ahora los Tiburones sangran profusamente después de dos derrotas, víctimas, no sólo del bateo de poder que han exhibido los rugidores, sino también de su falta de aprovechamiento cuando las oportunidades les hacen señas, malográndolas.

Sandino llegó al octavo inning sin mostrar síntomas de cansancio. Como casi siempre, supo dosificar el desgaste con un pitcheo simplificador, utilizando alrededor de 70 lanzamientos para sacar 22 outs, antes del error en mal tiro de Iván Marín que permitió el embase de Talavera y se convirtió en fatal, porque obligó a Omar a retirar a Diego después de un roletazo de Romero sobre segunda, que sólo hubiera sido un hit nada ruidoso con dos outs.

El manager felino, Róger Guillén, sorprendió tomando riesgos lanzando a sus corredores, Talavera y Romero, al asalto. Abea tiró mal a tercera y el juego se empató 2-2. Las tribunas estaban hirviendo cuando Dwight Britton, en medio de la polvareda, sacudió con doble al relevista Armando Hernández, haciendo girar la pizarra 3-2. En la caseta de los Tiburones, Sandino, frustrado, golpeaba la pared con su cabeza.

La última amenaza del Granada con Villegas en segunda y sólo un out en el inicio del noveno, fue borrada por el tercer brazo de los Leones, Wilder Rayo, sujetando a Yáder Hodgson y Domingo Álvarez.

Una vez más, León hizo valer su punch para quebrar un alarde de dominio realizado por Sandino sacando 16 outs consecutivos. El jonrón de Ramón Flores encima de la pared del left fielder en el séptimo, pegándole en la nariz a un slider, hizo desaparecer la ventaja conseguida por Granada en el segundo inning, con hit de Sotelo, doble de Norman Cardoze y roletazo impulsador de Loáisiga frente al pitcheo de Romualdo Caballero.

Un doble play sobre batazo de Marlon Abea con dos a bordo, estranguló a los Tiburones en el primer episodio, lograron difícilmente una carrera en el segundo con hombres en segunda y tercera después de un out, dejaron las bases llenas al poncharse Jimmy en el quinto contra Wilfredo Amador, y fueron anulados por otro doble play en el séptimo. Finalmente, en el octavo con los costales cargados y un out, se resignaron a sólo una carrera producida por un elevado corto de Justo Rivas, aún sin hit en esta serie, en tanto en el noveno, con el empate en segunda, se escondieron en la lata sometidos por Wilder Rayo.

Cuatro jonrones del León en los dos primeros juegos, y el aprovechamiento de la única posibilidad construida ayer, explican la diferencia de 2-0 en esta final, mientras el Estadio de Granada abre sus puertas hoy para el tercer juego, lamentando todavía la traición sufrida por Sandino.


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