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Pienso que este Abierto de Australia, primero de los cuatro torneos Grand Slam de 2010, puede marcar el retorno de Rafael Nadal como pistolero más temido del circuito. Lo que vimos del bravo zurdo español en su reciente derrota ante el ruso Davydenko en la final de Qatar, nos indica que “ojo con él en Melbourne”, porque se encuentra próximo al punto de afilamiento y de consistencia física, que lo agigantan.

El mejor tenista de 2009 fue Federer, sin objeción, finalista en los cuatro Grand Slam con dos títulos conquistados, Roland Garros por vez primera en su carrera y Wimbledon, pero es obvio que después de aquel complicado cierre en 2007, afectado por una enfermedad, Federer dejó de ser el jugador de dominio casi aplastante, para entrar al territorio de los riesgos, como cualquier otro de los considerados “fieras del Tenis mundial”.

La última final del Abierto Australia, ganada por Nadal a Federer en una intensa y dramática balacera que se extendió a cinco sets, podría repetirse este año si ellos son capaces de esquivar los diferentes zarpazos de tantos rivales voraces, y saltan sobre los “cadáveres” de los peligrosísimos Andy Murray por un lado y Novak Djokovic por el otro.

Yo creí que 2009 sería el año de Murray, pero se quedó corto embotellando expectativas, aunque conservó su estatus como fuerte amenaza para cualquier rival en cualquier instante. Djokovic en tanto, estuvo involucrado en electrizantes batallas mostrando una llamativa estabilidad en su juego, y tiene que estar entre los favoritos de Este primer gran torneo de 2010.

El argentino Juan Martín del Potro, vencedor de Federer viniendo desde atrás en la final del Abierto de Estados Unidos, dispone de una potencia exuberante y cubre terreno con facilidad, pero necesita mejor enfoque, algo que convierte al ruso Davydenko en un mejor fabricante de complicaciones, y ahora construyendo resultados.

Extrañamente el español Fernando Verdasco, quien parecía cabalgar sobre una proyección vertiginosa, se trabó y aflojó en momentos de presión, mientras el sobrio pero efectivo sueco Robin Soderling, fue creciendo frente a las exigencias y está calificado como una seria dificultad, algo comprobado desde Roland Garros.

El francés Wilfried Tsonga es problemático, aunque el juego que despliega el chileno Fernando González, vencido por Federer en la final de Australia 2007, parece ser más sólido y creativo. ¿Y qué decir de Andy Rodick, finalista en Wimbledon?. Su poder sigue siendo intimidante, y podría provocar algunas repercusiones. En el grupo de rivales peligrosos incluyan por favor a Monflis. Así que, el tenis mundial es un campo minado que Nadal tratará de atravesar en busca de regresar a la cima de la montaña.


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