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Los cañones siguen rugiendo, el pitcheo socando y la defensa estrangulando. No parece haber forma de frenar a estos bravos y efectivos Leones de Róger Guillén, que triunfando 6 por 2, tienen a los Tiburones casi enlatados derrotándolos tres veces consecutivas. Frente al caos, el manager Omar Cisneros siente que atraviesa por un sueño sin imágenes, que navega sobre una pesadilla, deslizándose hacia la nada.

La final imprevisible se ha convertido en un festín para los indomables Leones, que ayer, con el mejor pitcheo imaginable del derecho Jairo Pineda, el tercer jonrón de Agustín Séptimo y otro de Luany Sánchez, y una cerrada defensa que ha realizado cinco doble plays, agregando brillantes jugadas en momentos cumbres, se colocaron a un paso de coronarse en nuestro béisbol Profesional.

No, no era esto lo que esperábamos, pero es lo que está ocurriendo. León ha mostrado una solidez impresionante, de la cabeza a los pies, de día y de noche, en tanto el Granada no reacciona, viendo cómo cada intento que hace, es neutralizado con firmeza, reduciendo drásticamente sus posibilidades a expectativas tan inferiores, que sólo algo milagroso podría hacerlos resurgir.

León, con el Granada golpeado, necesitando desesperadamente vencer, fue directamente al grano contra el abridor derecho Elvin Orozco, atacándolo con los vuelacercas de Séptimo y Sánchez en las primeras dos entradas, adelantándose 2-0. La agresividad de los rugidores continuó en el tercer episodio fabricando tres carreras aprovechando una base y cuatro cohetazos disparados por Edgard López, Brian Nichols, Luany Sánchez y Juan Carlos Urbina, expulsando a Orozco de la colina y estableciendo un 5-0 en la pizarra.

Los Tiburones no estaban amortajados como se creía. En el cierre del cuarto, asestaron par de dentelladas, enviando una señal de vida. Doble abridor de Domingo Álvarez, y después de ponche a Garay, hits seguidos de Jimmy González y Justo Rivas, agregando un error en tiro de Séptimo, facilitaron dos anotaciones. Se pudo lograr algo más, pero falló Sotelo y no se pudo seguir recortando la diferencia. Ahora León ganaba 5-2 con mucho camino por recorrer.

El relevista oriental Carlos Morla, desajustado en el quinto, cedió tres boletos y León registró su sexta y última carrera. No fue necesario escuchar más rugidos, porque después de un buen relevo de Oswaldo Mairena, obligando a Garay a batear para doble play en el octavo, Granada sólo tuvo aliento para una carrera más en el noveno contra un inseguro Wilber Bucardo, impulsada por elevado de Sotelo.

Y ahora, los Tiburones se encuentran acorralados, sin confianza en su pitcheo, sin capacidad para producir lo necesario, y con una defensa errática. Así es imposible pensar en la posibilidad de una resurrección.

No se trata de falta de actitud Omar, porque Alexis la tuvo frente a Pryor en todo instante y también recientemente los Gemelos retando a los Yanquis, pero cuando la superioridad del adversario es tan amplia, como la mostrada en esta serie por los rugidores, inutiliza todos los intentos.