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Era alrededor del mediodía del jueves cuando una camioneta azul oscura se estacionó en la puerta del hotel donde los dueños de las Grandes Ligas concluían sus reuniones. La mayoría de los dueños y gerentes generales que fueron invitados a las festividades por el comisionado Bud Selig por primera vez, ya estaban encaminados hacia el aeropuerto cuando la última persona en presentarse salió por la puerta trasera, con un celular en una mano y una taza de café en la otra.

Luego de todos estos años, y todos esos campeonatos, Joe Torre se ha ganado el derecho a llegar notablemente tarde. Y en un evento en el que casi todos andaban vestidos de traje y corbata, él no tuvo que pedir disculpas por vestir una camisa a rayas, pantalones relajados y zapatillas negras.

A punto de cumplir 70 años y no muy lejos del Salón de la Fama, es un buen momento para ser Joe Torre.

Torre, en realidad, no llegó tarde. El comité especial para el cual Selig lo convocó junto a otros tres dirigentes no tenía programado reunirse hasta una hora después, en el último evento del itinerario. Una razón más entonces para reflexionar sobre las dos primeras temporadas como manager de los Dodgers -- las cuales quizás, se distinguen notablemente por ser sus primeras dos temporadas como ex manager de los Yankees de Nueva York.

“Ha sido grandioso”, dijo Torre. “Cuando vine aquí, realmente no sabía qué esperar. Mi vida siempre ha sido el béisbol. Los momentos más felices y tristes de mi vida han surgido de este deporte. Ésta era una situación muy positiva y los resultados me han acompañado”.

Es grandioso, de hecho, que Torre ahora parece más fresco y energético que cuando asumió en Los Ángeles hace poco más de dos años, apenas tiempo después de su amarga salida de Nueva York.

Los puntos más altos allí se dieron en el comienzo, cuando lideró a los Yankees al título mundial en su primera temporada, ganó otros tres campeonatos en cuatro años y luego realizó dos viajes más a la Serie Mundial. Los más bajo, como cuenta la historia, comenzaron en la Serie de Campeonato de la Liga Americana en 2004, cuando los Yankees desperdiciaron una ventaja de tres juegos y cayeron contra los odiados Medias Rojas. Esa derrota fue precedida por tres salidas consecutivas en la primera ronda de la postemporada y la despedida poco ceremoniosa de Torre.

Ese sabor amargo se veía evidente en la primavera siguiente, cuando asumió con los Dodgers.

“Cuando llegué a los primeros entrenamientos de primavera, no quiero usar el término ‘resaca’, pero estaba anémico y cansado”, dijo. “Y me habían operado recientemente la rodilla y me costaba moverme”.

Además tenía un contrato de tres años en ese momento que parecía iba a ser el último, en su propia mente y en la de la mayoría de los observadores. Iba a tener 70, una marca en la que imaginaba cerrar las puertas de su carrera.

Sin embargo, en algún punto del camino, aunque ya sin la bendición de equipos armados en base a veteranos y con nóminas de 200 millones de dólares, Torre redescubrió lo que alguna vez había amado de este trabajo. De repente se dio cuenta que quizás tendría ganas de hacerlo durante más tiempo del que él, el dueño de los Dodgers, Frank McCourt, o el gerente general Ned Colletti habían originalmente planeado.

“Hablamos de dos años cuando nos reunimos por primera vez”, dijo Torre. “Pero yo dije que quería tres años porque no sabía qué iba a pasar el primer año y no quería regresar el segundo año con todos hablando de que era mi última campaña. Resultó que para mí se siente totalmente natural entrar en este tercer año. Estas últimas dos temporadas ha habido suficiente satisfacción envuelta. Más que nada, cuando hablo con los jugadores, siento que puedo seguir haciendo lo que hago. Me gustaría creer que tengo el suficiente sentido de lógica para darme cuenta cuando sea el momento de no hacer más esto”.

El momento no es ahora. No después que Torre y su staff elegido mayormente a mano hayan dado vuelta a un equipo joven y sin dirección, transformándolo en dos veces ganador de la división y participante de la Serie de Campeonato de la Nacional. Por esa razón Torre está abierto a agregar al menos un año más a su contrato y está negociando con McCourt y Colletti para hacer justamente eso.

Más allá de eso, nadie sabe. Ni siquiera Torre, quien dijo “que 2011 es seguro”, antes de agregar, “pero he mentido antes”.

Los Dodgers no tienen un cuarto abridor para reemplazar a Randy Wolf. Tampoco tienen un cuarto jardinero para reemplazar a Juan Pierre. Se espera que su nómina se reduzca considerablemente de los estimados $100 millones que invirtieron el año pasado. Pero luego de derrotas consecutivas contra Filadelfia en la SCLN que, a excepción de la duración de ambas series, no tienen semejanza una de otra, Torre está convencido de que el equipo está listo para dar el próximo paso. Es un paso que ha dado muchas veces antes y está ansioso por darlo de nuevo.

“Esta vez, (tras caer con los Filis), los jugadores se dieron cuenta que estuvieron realmente muy cerca de lograr algo”, dijo Torre. “Fue distinto al año anterior, cuando simplemente estaban contentos de haber llegado ahí... el año pasado, pudimos construir por encima de eso. Creo que fue impresionante para estos muchachos haber podido cumplir con las expectativas”.

El truco ahora será construir nuevamente, en un momento en el que el resto de la División Oeste de la Nacional es mejor y los Dodgers, al menos por ahora, han restado más de lo que han sumado.

“Yo siento que nuestra división tiene la oportunidad de ser la mejor de nuestra liga”, dijo Torre. “Realmente la clave de nuestro éxito estará en el progreso de nuestros jugadores jóvenes. Matt Kemp dio un gran salto el año pasado. (James) Looney descubrió algo sobre sí mismo. Me gustaría darle más descanso a Casey Blake porque creo que lo forzamos un poco al final del año. Y a Blake DeWitt vamos a probarlo en segunda base. Sin dudas de todas maneras nos gustaría mejorar nuestro cuerpo de lanzadores”.

Torre dijo que no está completamente seguro de lo que quiere hacer cuando se retire. Acaba de terminar la ardua tarea de mudar la oficina central de su organización de caridad, Safe at Home, de Nueva York, y dice que ese será su foco principal cuando deje su empleo como manager. Además le gustaría mantenerse en el juego de alguna manera, quizás como asistente de Colletti.

“Pero le dije que no quiero ser un asistente especial”, dijo Torre. “No quiero tener que tomar decisiones”.

Safe at Home, una organización que trabaja para prevenir la violencia doméstica, se mudó a L.A. con Torre, un indicio más de que su exitoso pero turbulento período en Nueva York realmente ha quedado atrás, un recuerdo distante que le abrirá las puertas de Cooperstown pero por el que ya ha hecho su duelo.

“Estamos un poco más arraigados en Los Ángeles”, dijo. Dos años después del suave aterrizaje en la ciudad, por primera vez parece que Torre podría quedarse por un largo tiempo.