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¿Escuchan el ruido de las probetas en ese laboratorio humeante? Hay una convención de brujos en Diriomo buscando urgentemente la fórmula para adormecer el ímpetu de los felinos, e impedirles concretar la insospechada y temida barrida, liquidando a los Tiburones en sólo cuatro juegos. ¡Diablos!, eso que parecía una misión imposible, puede ocurrir mañana, si los rugidores siguen funcionando tan eficazmente en todos los aspectos del juego, como lo han hecho hasta hoy.

Sólo en dos ocasiones, un equipo –Leones y Tiburones-, han podido salirse del hoyo estando atrás 0-3, y ganar una final en el béisbol casero. Los Tiburones van a intentarlo, y uno se pregunta: ¿Podrán hacerlo otra vez, pero ahora en la Profesional? La respuesta es tan directa como un largo y punzante jab de Tommy Hearns: ¡No vemos cómo!
¿Tiene Omar pitcheo suficiente para cuatro triunfos seguidos? No parece. ¿Reaccionará su bateo tronando fuerte y respondiendo bajo presión? Podría ser, porque dispone de la pólvora necesaria, pero pago por verlo. ¿Cerrará las puertas una defensiva que se ha visto insegura? Quizás, pero sin alcanzar la capacidad de simplificación de la defensa leonesa. ¿Le robarán la inspiración a los rugidores? Dificil, muy difícil, tanto como pasó con aquel Oakland todopoderoso frente a los crecidos Dodgers en el 88 y los impetuosos Rojos en el 90.

Se tendrían que producir muchos cambios drásticos para forzar el milagro que busca Omar con todas las velas encendidas. Revisemos esto: León ha disparado 6 jonrones, Granada ninguno; León realiza cinco doble plays mata-rallies, Granada apenas uno cuando todo estaba consumado en el tercer juego; la agresividad de los rugidores en las bases ha sido superior provocando desconcierto, los Tiburones han estado gimiendo; el pitcheo de Róger Guillén, tanto en apertura como en relevo, se ha mostrado más firme.

¿Quién dice que todo eso va a cambiar de un día para otro? ¿Los brebajes de los Brujos, los muñecos con alfileres, el pronóstico meteorológico? ¡Qué va! Lo probable, sin necesidad de frotar la lámpara de Aladino, es que a lo largo de cuatro juegos, León resuelva sin apurarse cabalgando sobre esa superioridad bien cultivada en una final, que se suponía tan pareja, que los organizadores fijaron el séptimo juego para realizarse en Managua.

Agustín Séptimo ha sido la fiera atacante con sus tres jonrones y par de dobles. Este muchacho conectó justamente tres en la temporada utilizando 176 turnos. Gonzalo López, quien sólo ganó un juego y trabajó usualmente en los últimos innings, estuvo brillante como abridor arponeando Tiburones en el primer juego, en tanto los relevos de Amador y Rayo aseguraron la segunda victoria, y un re-encauchado Jairo Pineda, creció lo suficiente en el tercer duelo. Con Talavera iluminado, como si se hubiese bañado en la fuente de la eterna juventud; Edgar López solvente en el campo corto y Agustín Séptimo resolviendo en segunda, el infield de León ha sido una garantía.

¿Podrán los Tiburones voltear espectacularmente la tortilla en esta serie después de tres derrotas consecutivas sin ganar? Sinceramente, ¡no vemos cómo!, aun admitiendo que lo imprevisto, engrandece al béisbol como deporte.