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“Los muertos que vos matasteis gozan de buena salud”, dice una cita apócrifa de la obra teatral “Don Juan Tenorio”, y ayer en León, ¡qué saludables se vieron los Orientales!, supuestamente muertos, evitando ser sepultados, y enviando una señal de vida, aunque distante todavía de convertirse en una amenaza de resurgimiento espectacular.

El impacto fue rápido y brutal. En sólo dos innings, el 2 y el 3, los Tiburones fabricaron más carreras que en los tres juegos anteriores, y León gemía tratando de limpiar la sangre de sus heridas, mientras la multitud, consciente del daño sufrido, se aferraba a una débil esperanza.

No hubo recuperación. El pitcheo de Melvin Cuevas fue lo suficientemente autoritario durante siete entradas colgando ceros, y el jonrón de tres carreras conectado por Norman Cardoze en la segunda entrada, agrietó el brazo derecho de Gonzalo López, golpeado cuatro veces más en su mandíbula durante un tercer episodio próximo a lo grotesco. Sobre esa ventaja de 7-0, el Oriental construyó ese triunfo por 9-2, que por ahora, pospone el funeral y alarga la Serie a cinco juegos.

El escenario estaba listo para la gran celebración, pero León fue otro equipo, inseguro en la defensa, con un pitcheo abridor vulnerable, sin poder sincronizar en las pocas oportunidades que tuvo ofensivamente, y escuchando muy tarde el sonido del despertador. Anotó dos veces en el octavo contra el relevista de poder Willy Lebrón, cuando la diferencia era aplastante, 9 por 0. Tal agresividad, fugaz, fue insuficiente para preocupar al sobreviviente Omar Cisneros.

La primera impresión sobre lo que podía ofrecer Gonzalo López fue engañosa: ponches a Álvarez y Jimmy, y out fácil a Villegas. ¡Hey!, el muchacho venía en plan de continuar el dominio ejercido en el primer juego. Nada de eso. Doble del revitalizado Justo Rivas --quien estuvo involucrado en las tres ofensivas productivas--, base a Sotelo, y jonrón del candente Norman Cardoze, colocaron a los Orientales adelante 3-0, con la alegría en las gradas, siendo enjaulada.

La pelota bateada por Justo Rivas en zona foul que Ramón Flores no pudo capturar en el tercero, habiéndole llegado con tiempo para resolver, tuvo un costo altísimo. Con Villegas en primera y un out, Rivas disparó un doble al right que complicó a Romero, facilitando la cuarta carrera. Cohete de Abea, doble de Sotelo y un pasbol, agregaron tres carreras y la ventaja oriental era de 7 por 0. Con ese respaldo, Melvin Cuevas creció y salió ileso de serias dificultades en el tercero y cuarto innings, logrando sujetar por el cuello a los leones en las siguientes tres entradas.

En respuesta a dos carreras más del Oriental en el octavo, León despertó contra el pitcheo de velocidad de Willy Lebrón con cuatro hits y par de anotaciones, pero terminaron de ocultarse en el noveno, entregando algunas melenas y parte del rabo.

Pese a éste resultado, los Tiburones continúan contra la pared de la pileta, a riesgo de zarpazos mortales. ¿Podrá Diego Sandino alargar más la serie? Esa es por ahora, la gran intriga.