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¿Quién me iba a decir que llegaría a ver a Bayardo Arce convertido en un preocupado y dinámico activista del deporte más popular de Nicaragua como es el béisbol? Digo esto porque conozco a Bayardo desde su época como estudiante del Goyena, con Julio Buitrago, Doris Tijerino, Lenín Cerna y los Contreras, en grados superiores, y nunca se interesó en el deporte, sencillamente, no le hacía swing.

En la recta final de los 70, cuando la gente de la tendencia GPP a la que pertenecía Bayardo junto con Henry Ruiz, Tomás Borge y William Ramírez, me encargaron la edición del combativo periódico clandestino “Trinchera”, volví a tener relación directa con él y con William, quienes se movilizaban en Managua tomando riesgos. “Vos que vivís dedicado al deporte. Esa es una vagancia”, me dijo una vez, mientras le manejaba rumbo hacia cualquier lado.

Durante los 80, Bayardo estuvo vinculado al diario Barricada, pero no creo que algún día haya leído la sección deportiva. Sin embargo, más adelante en esa misma década, me sorprendió cuando comenzó a interesarse por los Dantos, y todavía más, cuando una tarde, en el inicio de los 90, lo encontré con una raqueta de tenis en mano en Lomas de Monserrat, junto con William y Huáscar Lanzas. ¿Bayardo jugando tenis? No lo puedo creer, me dije, pero pensé que lo hacía por mantener una buena condición física.

A William sí le gustaba el deporte. Cuando trabajamos en La Prensa junto con Bayardo, practicaba ping pong, y aunque su nivel de competencia era como el de Pedro Joaquín, estaba en acción diariamente. En los 80, el Dr. Francisco Zambrano en su movimiento más astuto, consiguió el aporte decidido de William y le dio forma a los Ulloa, el torneo de mayor elevación que ha ofrecido el basket pinolero. Pienso que la hermandad con William, terminó incidiendo en Bayardo, sobre todo cuando el proyecto alrededor del béisbol costeño comenzó a crecer, antes que el Comandante Ramírez desembocara como dirigente del San Fernando.

Sacar de las cenizas la nueva etapa del béisbol profesional y reactivarla, es una gestión que dimensiona a Bayardo de otra forma. La imagen del político de dureza natural, capaz de manejar la ironía como un estilete aproximándola al cinismo en algunos casos, ha sido modificada con su apego al deporte y el genuino interés mostrado en su sobrevivencia y desarrollo. Es posible que Bayardo, cuya astucia no está sometida a discusión, haya decidido cabalgar sobre aquellas frases del Comandante Guerrillero Ramón Cabrales en el inicio del gobierno revolucionario, “una excelente forma de hacer política, es haciendo deporte”. Hay tantos casos de eso, como el Mauricio Maccri en Argentina que pasó de Boca Juniors, el equipo más popular, a ser Jefe del Gobierno en Buenos Aires, o Silvio Berlusconi, dueño del Milan en Italia y Primer Ministro.

Sea como sea, ahora Bayardo está siendo visto de otra forma, “más humano” como diría John Carlin. El dirigente que mostrando sus colmillos autoritarios, dijo que la revolución era fuente de derecho para justificarlo todo --algo inadmisible ayer, hoy y siempre-- tiene si, derecho --no impuesto-- a un reconocimiento, rescatando el proyecto que puso en marcha Enrique Gasteazoro.