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Un pitcher aparentemente frágil pero lleno de vigor, disfrazado con una máscara de timidez pero audaz frente a las dificultades como un mosquetero, eso fue casi en todo instante, el zurdo Tom Glavine, quien ha anunciado su retiro después de 22 temporadas en las Grandes Ligas, incorporándose al aparato ejecutivo de los Bravos, su equipo durante 17 años.

Pitcher cerebral con la fineza que caracteriza a los joyeros, Glavine no fue propiamente un fabricante de impactos, pero sus señales de grandeza, que le permitirán golpear consistentemente las puertas del Salón de la Fama, impresionan, aún tratando de ser vistas en la oscuridad de un rincón. Más de 300 victorias, dos premios Cy Young, dos veces más segundo en las votaciones y otras dos finalizando tercero, cinco temporadas de 20 triunfos, seis porcentajes debajo del 3.00 en efectividad, un casi no hitter en Serie Mundial garantizando el banderín de los Bravos en 1995, y una presencia transmitiendo seguridad desde la colina que Bobby Cox supo apreciar mientras el tiempo pasaba.

Hay alguien que nunca va a olvidar a Glavine, y ese es Denis Martínez. Ellos se enfrentaron en el sexto juego de la Serie Mundial del 95, con los Indios de Cleveland buscando desesperadamente como forzar un juego crucial. A lo largo de cinco entradas, Denis toreando algunos problemas y Glavine hermético, mantuvieron la pizarra en cero, pero en el cierre del sexto, un jonrón de David Justice contra Jim Poole, terminó con la intriga y Atlanta se impuso 1-0. Sólo un hit, conectado por Tony Peña en el sexto, fue el único testimonio ofensivo de la tribu frente a Glavine y el relevista Mark Wholers, quien trabajó el noveno inning.

Se va Glavine (305-203 y 3.54 con Bravos y Mets), un zurdo de pitcheo artístico. Fue parte de un staff con tres ganadores del Cy Young, incluyendo a Greg Maddux y John Smoltz. Casi siempre, fue útil.