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EL PAÍS / ESPAÑA
El Madrid asomó su cara más vulgar, menos imaginativa, más desordenada en el barrizal de Chapín. Durante una hora, el Xerez le hizo partido. Un partido bravo, de brega, impreciso, con destino incierto hasta que Arbeloa y Granero dieron tres toques por la izquierda. Bastó con eso, tan simple y tan difícil, para que el Xerez empezara a sufrir el tormento. Marcó Arbeloa y empezó la desbandada.

El Xerez, consciente de sus miserias, se aterrorizó y no tardó en volver grupas. Fue la huida. La resignación. El terreno soñado para un depredador insaciable como Cristiano. Con viento a favor y con espacios el portugués no hizo prisioneros. Marcó el segundo atacando el primer palo de cabeza, a pase de Kaká, y volvió a gritar en el tercero, también a pase de Kaká.La baja de Guti, por problemas musculares, expuso con claridad las carencias de una plantilla en la que faltan especialistas del mediocampo. A Pellegrini no le quedó más remedio que reemplazar el media punta con Lass, un medio centro. Fue como sustituir a un purasangre con un percherón. El Madrid no tiene más piezas de recambio.

El francés no mezcla bien en la zona de tres cuartos. Es un excelente volante central que, como la mayoría de los de su especie, se desorienta cada vez que le desplazan el eje. No le ayudó el Xerez, que achicó el campo y protegió bien la portería de Renan.

Los trazos del Xerez son sólidos desde que Gorosito se hizo cargo de la dirección técnica. Su trabajo tiene mérito en un club en el que todo tiene pinta de provisional: 22 de los 26 jugadores de la plantilla finalizan contrato en julio.

Las condiciones parecen angustiantes, pero el equipo se ha sobrepuesto. Es un triunfo que no haya un solo jugador que se sienta inútil o de la sensación de estar desempeñando una función antinatural. Keita roba y reparte con regularidad, Víctor ordena, los centrales cierran y hostigan, los extremos se abren y desbordan, y el delantero centro exige. El Xerez aprovechó sus recursos al máximo. Le bastó con esto para crear un problema tremendo a un adversario que asumió el desafío de manera menos racional. El Madrid volvió a fallar en el toque, y sin toque se desordenó, desaprovechó los espacios y libró toda su suerte a las aventuras de Cristiano.

El portugués cabeceó un balón al larguero y remató una vez a las manos de Renan. Nada más. Cuando el árbitro señaló el descanso, Sergio Ramos suspiró aliviado. Durante la primera parte, el central fue el hombre con más trabajo en todo Chapín. Tuvo que multiplicarse para frenar a Bermejo, Calvo y Momo, enérgicos y atrevidos hasta la extenuación.

Los clásicos siempre dijeron que para romper la presión más perfecta no hay nada más demoledor que una buena pared.

El Xerez peleó el partido con entereza hasta que Granero le devolvió una pared a Arbeloa. Para estas cosas no hacen falta Balones de Oro. Basta con saberse el manual, y los chicos de la cantera se lo han aprendido bien.

El lateral recibió, progresó por la banda izquierda, y, cuando se vio solo, definió con templanza al primer palo. Fue el golpe que derribó al Xerez.

El golpe que le aflojó los atamientos defensivos. Con el 0-1 en el marcador, los jugadores locales perdieron un poco de fe. Y sin esa convicción quedaron a merced de las depredaciones de Cristiano.