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Un duelo bravamente peleado, con un accionar a largos ratos vertiginoso e imprevisible, como si viajara a bordo de una gigantesca montaña rusa, fue ganado por el Inter 2-1, aprovechando ese zurdazo humeante, certero y paralizante del argentino Esteban Cambiasso a los 55 minutos, que fue una estocada mortal para el arrogante Chelsea. Previamente en forma sorpresiva, otro argentino, Diego Milito, incendió la madrugada del partido abriendo el marcador cuando apenas se jugaba el minuto 3, en tanto el marfileño Salomón Kalou, con un remate de derecha junto al poste izquierdo, hizo lucir mal a Julio César, empatando transitoriamente la batalla sobre el minuto 52, cuando todavía quedaba mucho sudor, intensidad y suspenso para garantizar un fuerte flujo de encontradas emociones, con una carga eléctrica recorriendo las tribunas.

¿Qué tanto hubiera cambiado la arquitectura, co-relación de fuerzas, manejo de las posibilidades y desenlace del juego, el penal que no fue cobrado cuando el siempre efectivo Walter Samuel, por ser desbordado en el área, en un raro cruce de piernas, derribó a Kalou, quien llegaba con excelente posición de tiro? Nunca lo sabremos, pero esa jugada, obviada por el árbitro Mejuto en el minuto 45 del primer tiempo, resultó clave frustrando a Kalou y congelando al Chelsea, evitando el probable empate.

Seguramente el ágil y peligroso africano, gritó inútilmente mientras se incorporaba: ¡Penal árbitro! Cuando sonó el silbato finalizando el primer tiempo, el travesaño de la cabaña del Inter, todavía vibraba ruidosamente producto del cañonazo disparado por Drogba en el minuto 15, que hizo aullar a la multitud de casi 85 mil personas en el Giuseppe Meazza de Milán.

¡Qué impresionante fue la firmeza, sentido del anticipo y seguridad para los bloqueos, de la defensa del Inter con los argentinos Samuel y Zanetti, esforzándose junto con los brasileños Maicon y Lucio, sobre todo éste último que fue creciendo hasta convertirse en una muralla, agregando su capacidad de proyección!
En tanto, en el otro lado, raramente, John Terry se vió desenfocado frente a la maniobra de Milito por la izquierda, quien obtuvo el ángulo requerido a corta distancia, para apretar el gatillo y perforar a Cech rascando el poste. El Chelsea no terminaba de despertar y ya perdía 1-0. Murinho no festejó pero se hinchó de satisfacción.

Transformado el juego en un acordeón, la potencia de Ballack, la presencia amenazante de Drogba y la dinámica impuesta por Kalou y Lampard, con el aporte de Malouda y la gravitación de Anelka, fabricaron mejores opciones, con el Inter arremetiendo apoyándose en contraofensivas bien hilvanadas. Y en el minuto 52, la entrada de Ivanovic por la derecha, esa entrega a Kalou por el centro, y el remate que el habitualmente eficaz Julio César, intentó sacar con las uñas, pero no pudo, quedándose corto. La ventaja del Inter se había esfumado.

Sólo tres minutos disfrutó el Chelsea de ese empate 1-1. Cambiasso sentenció el juego realizando un doble remate de zurda, el segundo, rasante e impresionante por su potencia y puntería, agujereando a Cech, quien más adelante salió lesionado.

Ganó el Inter 2-1, sin necesidad de la brillantez de Samuel Eto’o, muy limitado, pero el gol de Kalou, le da vida al Chelsea para la revancha. ¿Será posible que veamos al Arsenal y al Chelsea decapitados en octavos? Tal posibilidad, está flotando.