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No importa lo mucho que pese el artillero venezolano Pablo Sandoval, lo que importa es cómo batea. Su gestión ofensiva es impresionante y no hay duda que es el gran baluarte de estos Gigantes de San Francisco, que pretenden avanzar muy largo en este 2010.

Sin preocuparse por las críticas que le caen encima, viéndolo obeso, Sandoval presenta gruesos números en el terreno, demostrando que la báscula no lo afecta. El antesalista, quien prefiere no divulgar su peso, insiste en que es fuerte, ágil con el guante y que se mueve bien al correr las bases. Eso quedó en evidencia hace unos días, cuando corrió a toda velocidad para lograr un doble contra Seattle en un partido de pretemporada. Entonces, ¿cuál es el alboroto por su peso?

“Me siento fabuloso. Siento que todo ha salido bien y siento que tengo la velocidad y la agilidad”, comentó Sandoval a una agencia internacional de noticias. “Sólo trato de seguir mi dieta y mis ejercicios. A veces es difícil”. El preparador físico de los Gigantes, Dave Groeschner, dijo que Sandoval llegó a los campos de entrenamiento pesando 262 libras (119 kilos), unas 15 libras (6.8 kilos) menos que el peso que tuvo en la temporada de 2009.

Y Sandoval dice que ha bajado otras cinco libras (2.27 kilos) desde entonces, aunque todavía luce bastante gordo. Los Gigantes a veces han expresado preocupación, pero Sandoval quiere demostrar con su desempeño esta temporada que está perfectamente saludable a pesar del tamaño de su cintura. Sandoval estuvo cerca de ser elegido al Juego de Estrellas el año pasado en su primera temporada completa en las Mayores. Durante las vacaciones, el equipo le diseñó un programa de dieta y ejercicio denominado “Operación Panda” antes de irse a jugar pelota invernal en Venezuela.

El toletero midió sus porciones de comida y llevó minutas de sus ejercicios. Dejó de un lado la pizza y McDonald’s a cambio de frutas y emparedados de pavo con pan integral. Incluso dejó de comer la famosa lasaña de su madre Amelia, excepto en ocasiones especiales.